Ser Cura Villero

A punto de iniciar su nueva tarea pastoral en la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza de Puerto Madero, el Padre Pedro hace un repaso de sus 11 años como párroco de Virgen Inmaculada y define qué significa para él ser un Cura Villero. Por Flor Laje.

 

Curas Villeros

Charly, el Tano, Pepe, Mons. Sucunzza, Gustavo, Eduardo, Toto y Pedro.

El próximo 1º de marzo será la última misa y despedida del Padre Pedro de la parroquia Virgen Inmaculada. A días de iniciar su tarea en la parroquia de la Esperanza de Puerto Madero -cuyo servicio pastoral incluye la villa Rodrigo Bueno y su capilla Virgen de Caacupé- Pedro hace un repaso de su vida consagrada y de los 11 años en los que fue párroco de la Inmaculada.

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El Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio ordena sacerdote a Pedro Bayá Casal, junto a Franco Punturo (hoy párroco de María Madre de la Esperanza de la villa 20), en 1999.

Se  ordenó sacerdote a finales de 1999 y dió sus primeros pasos como cura en diferentes comunidades de la ciudad de Buenos Aires: la Basílica Santa Rosa de Lima y las parroquias Nuestra Señora de Las Nieves y San Pedro. Luego estuvo 5 años en la Misericordia de Mataderos hasta que en el año 2009 el Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio le propuso ser párroco de Virgen Inmaculada de Soldati, y así sumarse al equipo de curas de las villas. Pedro no lo dudó un instante y se mudó al barrio Ramón Carrillo con su guitarra, y allí ha vivido durante los últimos 11 años de su vida. 

Por entonces -2009- el Padre Rodolfo Ricciardelli -miembro del grupo fundador de los Curas Villeros- moría de cáncer de médula en la parroquia Madre del Pueblo del Bajo Flores, la primera parroquia creada en una villa por Mons. Jorge Vernazza, de la cual “el Padre Richar” era párroco, cura obrero y referente social. El Arzobispo Bergoglio nombró entonces como párroco de Madre del Pueblo al Padre Gustavo Carrara -que era el párroco de Virgen Inmaculada-, sucediendo a Ricciardelli, y al Padre Pedro Bayá Casal en Virgen Inmaculada, sucediendo a Carrara.  

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Año 2007, capilla Virgen Inmaculada, antes de la construcción de la casa parroquial.

En rigor de verdad el Padre Gustavo Carrara (hoy Obispo Auxiliar para la Pastoral en las Villas) estaba a cargo de la Inmaculada que no era parroquia aún, sino una cuasi-parroquia: era una capilla de la parroquia Nuestra Señora de Fátima de Soldati. La Inmaculada de Soldati se constituye parroquia en 2008 y en el 2009 llega Pedro como párroco. “La primera parroquia en el barrio de Soldati fue Nuestra Señora de Fátima, que fundaron los misioneros españoles” cuenta el Padre Pedro-.  “Ellos levantaron una parroquia en el medio del basural que eran estas tierras, aunque ahí ya vivía gente. Y fundaron una escuela. Hay una foto conmovedora de los inicios de la escuela, en una casilla, muy linda la historia. Y de alguna manera la presencia de la Iglesia fue colaborando a que esta zona tuviera más recursos y fuera creciendo un poquito más”.

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Fachada de la parroquia Virgen Inmaculada hoy.

Pedro rememora cuándo y cómo conoció a la parroquia Virgen Inmaculada: “Me acuerdo que en 2006 me encontré con Gustavo, con quien fuimos compañeros del seminario y somos amigos, y me contó que le habían ofrecido una cuasi parroquia en Soldati. Inmediatamente vinimos a conocerla. Por entonces no había cura ni casa parroquial, el lugar estaba muy abandonado, todo cerrado. Pudimos ver un poco el interior del templo por una ventana de la entonces capilla. La imagen de la Inmaculada estaba en el centro, no estaba la cruz que está hoy. Y fuimos a visitar el barrio Los Pinos, que era nuevo, estamos hablando de finales del año 2006. En ese año Los Pinos era un asentamiento nuevo. Me impresionó la pobreza de Los Pinos en ese momento, con las casitas de cartón y chapa, sin agua y con los árboles atravesando las casas, construían las casitas alrededor de los árboles, con los árboles adentro. Cuando la Inmaculada se constituyó como parroquia le dije a Gustavo ‘una parroquia nueva en Buenos Aires, esto se da una sola vez en la vida’. Mientras estaba Gustavo yo venía cada tanto, me gustaba venir a comer, a tocar la guitarra. La campana de la Inmaculada se trajo de la Misericordia de Mataderos, donde yo estaba”.

 

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¿Vos querías venir a la Inmaculada?

Yo le había pedido a Bergoglio que quería ir a la provincia, estando en Mataderos nuestro decanato acompañaba una cuasi parroquia en Merlo-Moreno. En los últimos años que estuve en la Misericordia yo era una especie de párroco a distancia, organizaba quien iba a celebrar la misa, anotaba los bautismos, y esa tarea me entusiasmaba mucho. Por entonces estaba cumpliendo 10 años de cura y buscaba cómo dar un paso más en la entrega. Me gustaba la idea de ir a la provincia como cura. Mi amigo Pancho Velo estaba en Pontevedra y soñábamos con vivir en una comunidad y acompañarnos y trabajar con los pobres. Teníamos esa intuición. Y el momento en el que Bergoglio me propuso venir a Soldati fue algo que jamás me hubiera imaginado.

-¿Cuál fue tu reacción cuando te proponen ser párroco de la Inmaculada?

Yo llego a la parroquia Inmaculada claramente en la movida “bergogliana”, porque fue Bergoglio, como obispo de Buenos Aires, que vio que yo con 10 años de cura quería un mayor compromiso con los pobres, y me metió en el Equipo de curas de las villas. Y cuando él me lo ofrece, yo me sentí como si fuera un jugador de un equipo chico que lo llaman a la Selección, realmente sentía que era una invitación a `jugar en primera`. Así que vine con mucha ilusión, con algunos temores, sobre todo por el hecho de lo cotidiano -de vivir en la villa-. Y pasaron 11 años y acá estoy; y los viví plenamente. Gustavo puso algunas bases de la vida comunitaria de esta parroquia y luego yo fui testigo de lo que genera la Iglesia en un barrio, donde los vecinos tenían algunos vínculos familiares pero no había una comunidad; y pude ir viendo cómo crecimos en misiones pastorales, con los adictos, con las familias, con la oración, cómo todos esos intentos y comienzos fueron dando origen a una comunidad. Exploradores, Grupos de Familia, lo que fue los comienzos del Hogar de Cristo que eran grupos de autoayuda, Cáritas, el Grupo de Biblia, y después se sumaron los retiros de Entretiempo. Fuí testigo de la formación de una comunidad. Vi nacer a la parroquia, la gente, los grupos, porque hay otras comunidades en las villas que tienen otra historia. Una cosa es la villa 31 donde estuvo Mugica en los años 70 o Caacupé con De la Sierra, o Madre del Pueblo con Ricciardelli.  Acá era distinto.

Y hay una figura que quisiera nombrar en la historia de los curas de las villas que es la hermana María Bassa. Ella vino al barrio en los años 70. Después, en la época de la dictadura, se fue a Salta con los wichis -estaba un poco misionando y un poco guardada también-, y después cuando vuelve la democracia volvió al barrio hasta que muere hace unos pocos años. Y nosotros en la Capilla Virgen de Luján decidimos hacer un cinerario que lleva su nombre, donde descansan sus restos. Y la nombro porque tenía un carácter muy especial, era bien setentista. Para mí fue importante que ella estuviera antes, yo me sentí respaldado por ella, y acompañado, aprendí de ella. Hoy una religiosa de su comunidad -Felicitas Nesi- vive en la villa también como una continuación de esa opción.

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“Curas Obreros” eran llamados los primeros curas de las villas, y los actuales mantienen esa tradición.

¿Cómo describirías la tarea de los Curas Villeros? ¿Qué significa ser Cura Villero?

Puedo hablar de miles de cosas, vamos a focalizar. Primero, es la experiencia de ser vecino. Creo que la riqueza más grande de los curas de las villas es que somos un vecino más, la actividad o el servicio religioso no es algo que hago en un horario y después tengo otra vida, sino que es una actividad abarcativa, mi vida entera. Una vez Gustavo me dijo algo que siempre recuerdo: “no hay diferencia entre barrio y parroquia”. Y es tal cual. Barrio y parroquia es lo mismo. Más allá de que la gente venga o no al servicio religioso, barrio y parroquia coinciden, no hay un límite, no es como si dijeras ´esto corresponde a la parroquia y esto al barrio`. Eso me guió durante mis años acá, esa concepción de que todo lo que acontece en el barrio también incumbe a la vida parroquial, religiosa y comunitaria. Siento que en estos diez años el barrio me adoptó, y eso quiero agradecerlo, que la gente me haya hecho un lugar en sus casas y en sus vidas. 

Segundo, descubrir todo el mundo de las intervenciones del Estado, de los reclamos de los vecinos, y acompañar todo ese mundo desde una motivación religiosa yendo al IVC, a presentar una nota, estar presente en una marcha cuando se estaba reclamando algo importante, ir a las reuniones con los vecinos, también son cosas de las que un Cura Villero se ocupa. 

Así como digo que ser un vecino más del barrio es un privilegio también soy consciente de que yo soy el único vecino del barrio que puede levantar el teléfono y hablar con un ministro, o con el obispo de Buenos Aires o recibir una carta del Papa. 

Un Cura Villero viene acá enviado por la Iglesia con una misión y con recursos para ponerlos en juego a favor del barrio. Hay una dimensión de igualdad que es hermosa. Soy un vecino más y es una experiencia hermosa, ir caminando por la calle y que me llamen por mi nombre. Pero por otro lado no hay que perder la conciencia de que uno tiene un montón de recursos, un equipo de otros sacerdotes que están en otras villas pensando una pastoral en conjunto, donde puedo respaldarme. Y esto no es mi obra. Es la obra de la Iglesia, y yo estoy acá hoy y mañana vendrá otro sacerdote pero la obra de la Iglesia permanece.  

Y también nosotros como sacerdotes podemos tener esta fecundidad porque hay una historia de fidelidad, de permanencia, de apuesta, de escucha y de acompañamiento que permite desplegar todo lo que se hace hoy en las villas. 

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La Virgen de Luján, Mons. Angelelli, el P. Ricciardelli, el P. Mugica, la Virgen de Guadalupe: la religiosidad popular y la mística villera.

Pedro recuerda cuando Bergoglio fue elegido Papa y se emociona: “Unos meses antes de que lo nombren había un seminarista en la parroquia que me veía usar en la Misa la revista de la liturgia cotidiana y no los libros, y me decía ‘si se enteraran en Roma’, y yo convencido le contestaba:´en Roma no tienen ni idea de quiénes somos’. Pero a partir de Francisco en Roma empezaron a conocer lo que era la fiesta de la Virgen de Caacupé, la peregrinación de Luján, lo que era tomar mate y el chipa guazú. Empezaron a conocer de América, de sus devociones, de la Virgen de Guadalupe. 

Y todas las luchas de la Iglesia latinoamericana, de Medellín, de Puebla, de la opción por los pobres, de Mugica, de Romero empezaron a ocupar un espacio en la Iglesia. Ahora en Roma saben muy bien cómo viven los vecinos de las villas”.

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Enero de 2020. Estampita del Padre Carlos Mugica en el altar de una Misa en Santa Marta, en el Vaticano. (Foto: diario La Nación).

Vos que lo conocés de cerca, ya que él te ordenó cura y te nombró párroco de la Inmaculada, ¿cómo lo ves al Papa Francisco?

Francisco tiene en su corazón de pastor algo que impacta, que es que llega a los de afuera con el mensaje del Evangelio. Eso es admirable, es un don especial que tiene para nuestro tiempo; él sabe conectar con esta fuerza que está fuera de los límites de la Iglesia pero que renueva la mirada hacia adentro. Es una gran bendición.

Por último, hablando de esta nueva etapa que comienza Pedro, nos comenta su alegría de poder estar a cargo de la capilla Virgen de Caacupé de la villa Rodrigo Bueno -detrás de Puerto Madero- “porque de alguna manera la religiosidad popular, también a los que venimos de otro lugar, nos va convirtiendo, va cambiando tu manera de vincularte con Dios, la fe comunitaria te va moldeando”.

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El Arzobispo Bergoglio en las Confirmaciones del año 2008. Hoy, en la pared de ladrillos del fondo, hay un retrato del Papa Francisco.

El Padre Pedro continuará con la pastoral villera en la villa de uno de los barrios más caros de la ciudad: Puerto Madero. “Quisiera destacar la fuerza que hay en los márgenes, por decirlo de alguna manera, en el pueblo trabajador, incluso en los chicos que están fuera del sistema, en las mujeres extranjeras que vinieron a vivir a la villa. Tienen una fuerza vital que quizás tiene que ver con la supervivencia, fuerza para trabajar, para educar a los hijos, para construir sus casas, para reunirse detrás de un objetivo, pasa la vida por ahí.

Como si el corazón de la sociedad estuviera en el margen y no en el centro y eso, a los consagrados, sacerdotes y religiosas, nos obliga a estar centrados en lo importante, no nos da tiempo a distraernos con pavadas. Todo el tiempo estamos escuchando problemas: falta de trabajo, luchas sociales, construcciones comunitarias, y eso revive la esencia de la vida consagrada que es seguir a Jesús y constuir el Reino”.

Jornada Mundial del enfermo 2020

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA XXVIII JORNADA MUNDIAL DEL ENFERMO

11 de febrero de 2020

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados,
y yo os aliviaré» (Mt 11,28)

Jornada mundial del enfermo II

Queridos hermanos y hermanas:

1. Las palabras que pronuncia Jesús: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré» (Mt 11,28) indican el camino misterioso de la gracia que se revela a los sencillos y que ofrece alivio a quienes están cansados y fatigados. Estas palabras expresan la solidaridad del Hijo del hombre, Jesucristo, ante una humanidad afligida y que sufre. ¡Cuántas personas padecen en el cuerpo y en el espíritu! Jesús dice a todos que acudan a Él, «venid a mí», y les promete alivio y consuelo. «Cuando Jesús dice esto, tiene ante sus ojos a las personas que encuentra todos los días por los caminos de Galilea: mucha gente sencilla, pobres, enfermos, pecadores, marginados… del peso de la ley del sistema social opresivo… Esta gente lo ha seguido siempre para escuchar su palabra, ¡una palabra que daba esperanza!» (Ángelus, 6 julio 2014).

En la XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, Jesús dirige una invitación a los enfermos y a los oprimidos, a los pobres que saben que dependen completamente de Dios y que, heridos por el peso de la prueba, necesitan ser curados. Jesucristo, a quien siente angustia por su propia situación de fragilidad, dolor y debilidad, no impone leyes, sino que ofrece su misericordia, es decir, su persona salvadora. Jesús mira la humanidad herida. Tiene ojos que ven, que se dan cuenta, porque miran profundamente, no corren indiferentes, sino que se detienen y abrazan a todo el hombre, a cada hombre en su condición de salud, sin descartar a nadie, e invita a cada uno a entrar en su vida para experimentar la ternura.

2. ¿Por qué Jesucristo nutre estos sentimientos? Porque él mismo se hizo débil, vivió la experiencia humana del sufrimiento y recibió a su vez consuelo del Padre. Efectivamente, sólo quien vive en primera persona esta experiencia sabrá ser consuelo para otros. Las formas graves de sufrimiento son varias: enfermedades incurables y crónicas, patologías psíquicas, las que necesitan rehabilitación o cuidados paliativos, las diversas discapacidades, las enfermedades de la infancia y de la vejez… En estas circunstancias, a veces se percibe una carencia de humanidad y, por eso, resulta necesario personalizar el modo de acercarse al enfermo, añadiendo al curar el cuidar, para una recuperación humana integral. Durante la enfermedad, la persona siente que está comprometida no sólo su integridad física, sino también sus dimensiones relacionales, intelectiva, afectiva y espiritual; por eso, además de los tratamientos espera recibir apoyo, solicitud, atención… en definitiva, amor. Por otra parte, junto al enfermo hay una familia que sufre, y a su vez pide consuelo y cercanía.

3. Queridos hermanos y hermanas enfermos: A causa de la enfermedad, estáis de modo particular entre quienes, “cansados y agobiados”, atraen la mirada y el corazón de Jesús. De ahí viene la luz para vuestros momentos de oscuridad, la esperanza para vuestro desconsuelo. Jesús os invita a acudir a Él: «Venid». En Él, efectivamente, encontraréis la fuerza para afrontar las inquietudes y las preguntas que surgen en vosotros, en esta “noche” del cuerpo y del espíritu. Sí, Cristo no nos ha dado recetas, sino que con su pasión, muerte y resurrección nos libera de la opresión del mal.

En esta condición, ciertamente, necesitáis un lugar para restableceros. La Iglesia desea ser cada vez más —y lo mejor que pueda— la “posada” del Buen Samaritano que es Cristo (cf. Lc 10,34), es decir, la casa en la que podéis encontrar su gracia, que se expresa en la familiaridad, en la acogida y en el consuelo. En esta casa, podréis encontrar personas que, curadas por la misericordia de Dios en su fragilidad, sabrán ayudaros a llevar la cruz haciendo de las propias heridas claraboyas a través de las cuales se pueda mirar el horizonte más allá de la enfermedad, y recibir luz y aire puro para vuestra vida.

En esta tarea de procurar alivio a los hermanos enfermos se sitúa el servicio de los agentes sanitarios, médicos, enfermeros, personal sanitario y administrativo, auxiliares y voluntarios que actúan con competencia haciendo sentir la presencia de Cristo, que ofrece consuelo y se hace cargo de la persona enferma curando sus heridas. Sin embargo, ellos son también hombres y mujeres con sus fragilidades y sus enfermedades. Para ellos valen especialmente estas palabras: «Una vez recibido el alivio y el consuelo de Cristo, estamos llamados a su vez a convertirnos en descanso y consuelo para los hermanos, con actitud mansa y humilde, a imitación del Maestro» (Ángelus, 6 julio2014).

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4. Queridos agentes sanitarios: Cada intervención de diagnóstico, preventiva, terapéutica, de investigación, cada tratamiento o rehabilitación se dirige a la persona enferma, donde el sustantivo “persona” siempre está antes del adjetivo “enferma”. Por lo tanto, que vuestra acción tenga constantemente presente la dignidad y la vida de la persona, sin ceder a actos que lleven a la eutanasia, al suicidio asistido o a poner fin a la vida, ni siquiera cuando el estado de la enfermedad sea irreversible.

En la experiencia del límite y del posible fracaso de la ciencia médica frente a casos clínicos cada vez más problemáticos y a diagnósticos infaustos, estáis llamados a abriros a la dimensión trascendente, que puede daros el sentido pleno de vuestra profesión. Recordemos que la vida es sagrada y pertenece a Dios, por lo tanto, es inviolable y no se puede disponer de ella (cf. Instr. Donum vitae, 5; Carta enc. Evangelium vitae, 29-53). La vida debe ser acogida, tutelada, respetada y servida desde que surge hasta que termina: lo requieren simultáneamente tanto la razón como la fe en Dios, autor de la vida. En ciertos casos, la objeción de conciencia es para vosotros una elección necesaria para ser coherentes con este “sí” a la vida y a la persona. En cualquier caso, vuestra profesionalidad, animada por la caridad cristiana, será el mejor servicio al verdadero derecho humano, el derecho a la vida. Aunque a veces no podáis curar al enfermo, sí que podéis siempre cuidar de él con gestos y procedimientos que le den alivio y consuelo.

Lamentablemente, en algunos contextos de guerra y de conflicto violento, el personal sanitario y los centros que se ocupan de dar acogida y asistencia a los enfermos están en el punto de mira. En algunas zonas, el poder político también pretende manipular la asistencia médica a su favor, limitando la justa autonomía de la profesión sanitaria. En realidad, atacar a aquellos que se dedican al servicio de los miembros del cuerpo social que sufren no beneficia a nadie.

5. En esta XXVIII Jornada Mundial del Enfermo, pienso en los numerosos hermanos y hermanas que, en todo el mundo, no tienen la posibilidad de acceder a los tratamientos, porque viven en la pobreza. Me dirijo, por lo tanto, a las instituciones sanitarias y a los Gobiernos de todos los países del mundo, a fin de que no desatiendan la justicia social, considerando solamente el aspecto económico. Deseo que, aunando los principios de solidaridad y subsidiariedad, se coopere para que todos tengan acceso a los cuidados adecuados para la salvaguardia y la recuperación de la salud. Agradezco de corazón a los voluntarios que se ponen al servicio de los enfermos, que suplen en muchos casos carencias estructurales y reflejan, con gestos de ternura y de cercanía, la imagen de Cristo Buen Samaritano.

Encomiendo a la Virgen María, Salud de los enfermos, a todas las personas que están llevando el peso de la enfermedad, así como a sus familias y a los agentes sanitarios. A todos, con afecto, les aseguro mi cercanía en la oración y les imparto de corazón la Bendición Apostólica.

Vaticano, 3 de enero de 2020

Memoria del Santísimo Nombre de Jesús

Francisco

Próximo destino: Esperanza

Les presentamos a la Parroquia Nuestra Señora de la Esperanza de Puerto Madero, cuyo radio pastoral abarca la villa Rodrigo Bueno y su capilla Virgen de Caacupé. Desde el 7 de marzo el Padre Pedro Bayá Casal será su nuevo párroco. 

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Frente de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza. Detrás, la Costanera Sur.

Rodeada de altísimos edificios y en pleno corazón de Puerto Madero, la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza está al servicio de la diversa población del barrio más nuevo de los 48 barrios porteños, poblado por los más ricos de los ricos, y los más pobres de los pobres.

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Entre la población de Puerto Madero están, por un lado, los habitantes de la zona más cara de la ciudad -en la que el valor del metro cuadrado supera los 6 mil dólares- y por el otro la población vulnerable de la villa Rodrigo Bueno, escondida más allá de la Fuente Las Nereidas (también llamada Lola Mora) en la Reserva Ecológica Costanera Sur, donde viven 3000 personas reunidas en torno a la capilla Virgen de Caacupé. La misión de la parroquia está entre estas dos polaridades: la fe de los habitantes del barrio más rico de la ciudad, y el carisma de la pastoral villera. 

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El altar es un enorme ventanal que da a la espesa vegetación de la Reserva Ecológica Costanera Sur.

El nuevo párroco de Nuestra Señora de la Esperanza -que toma la posta del Padre Alejandro Seijo- es el Padre Pedro Bayá Casal-, que ha estado en los últimos 11 años a cargo de la parroquia Virgen Inmaculada de Villa Soldati, sucediendo al P. Gustavo Carrara y acompañando al pueblo del barrio mediante la implementación de “las tres C”, columnas vertebrales sobre las que se despliega la pastoral villera: capilla, colegio y club. 

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Escoltan al altar: a la izquierda la Virgen de la Esperanza. A la derecha, San José y Jesús niño. al fondo, capilla del Santísimo. 

De estilo minimalista y forma circular, la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza no desentona con la estética moderna de la ciudad de Puerto Madero. 

Las imágenes en alto  sobre las altas paredes de ladrillo a la vista nos invitan a elevar la vista al cielo para rezar.

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Al entrar se destaca el enorme ventanal vidriado que constituye el altar, dando la sensación de que se está asistiendo a Misa en el medio de la selva. En ese marco de naturaleza viva pueden apreciarse los árboles de la Reserva Ecológica y el jardín del fondo en el que se encuentra una reliquia de la Guerra de Malvinas: la imagen de la Stella Maris.

Stella Maris; María; estrella del Mar; Nuestra Señora de Stella Maris; 2 de febrero; mares, playa; Patrona; mar; metafisica Miami; enseñanza espiritual

La Stella Maris, en los jardines de la Iglesia.

 

En las instalaciones de la casa parroquial contigua a la Iglesia está proyectada la construcción de una escuela desde septiembre de 2020, a la que mudará sus instalaciones el Colegio Parroquial La Merced (actualmente en plena city porteña, en Viamonte y 25 de mayo) y todo su alumnaje de Jardín de Infantes, Nivel Primario y Secundario-. 

 

Origen de la parroquia

El origen de la parroquia Nuestra Señora de la Esperanza se remonta a 1993, en los inicios del trazado del nuevo barrio de Puerto Madero, que hasta entonces era un enorme baldío abandonado adyacente a grúas y diques de actividad portuaria y lindero a la Reserva Ecológica. Por entonces la corporación Antiguo Puerto Madero le cedió al Arzobispado de Buenos Aires un espacio para construir la Iglesia del nuevo barrio, que fue inaugurada y bendecida tres años más tarde, el 27 de agosto de 1996. Como todavía el barrio en sí no existía ni era habitado -era solo un proyecto-, se construyó la capilla Nuestra Señora de la Esperanza y el Cardenal Antonio Quarracino delegó el cuidado de la Iglesia a la Prefectura Naval y al Obispado Castrense.

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Ya en 2004, ante el gran crecimiento edilicio y de habitantes de Puerto Madero, el entonces Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio decidió instituir la capilla en parroquia, siendo su primer párroco el P. Enrique Eguía Seguí. Su erección canónica fue el 2 de febrero de 2005 y la ceremonia de su creación se realizó el 13 de marzo de 2005 con una misa presidida por el Obispo Auxiliar de la zona, Monseñor José Gentico. Pertenece a la Vicaría Centro, Decanato Centro.

La Stella Maris 

IMG_4683Desde adentro del templo, mirando hacia la derecha del altar se vislumbra en el jardín del fondo una enorme imagen de la Stella Maris (en latín, Estrella del Mar) patrona de los navegantes. La escultura -de la Prefectura Naval Argentina- se encontraba en el puente de mandos del buque guardacostas Río Iguazú durante la guerra por las Islas Malvinas con el Reino Unido. La Stella Maris cuidaba ese barco argentino que cumplía misiones de aprovisionamiento cuando, el 22 de mayo de 1982, el barco fue atacado por dos aviones Sea Harrier -a pesar de que no era un buque en guerra sino de aprovisionamiento-, y el ataque lo averió seriamente. La Stella Maris fue rescatada -junto a la bandera Argentina- momentos antes de que el Río Iguazú se hundiera. Cuando esta Iglesia cumplió un año, el 27 de agosto de 1997, la escultura fue colocada en el jardín e la Iglesia. 

La Virgen es La Esperanza

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Virgen de la Esperanza en una advocación de la Dolorosa.

Nuestra Señora de la Esperanza es la advocación a la Virgen María embarazada de Jesús. Su fiesta litúrgica es el 18 de diciembre y es venerada bajo diferentes advocaciones.

Es también llamada “Virgen de la Dulce Espera” y se la representa encinta y leyendo. También es la “Virgen de la Oh”, por la exclamación de admiración “Oh” con la que se inician las Antífonas en las vísperas de Navidad. “Oh Sabiduría que brotaste de los labios del altísimo”.

La Virgen de la Buena Esperanza, de fuerte arraigo en España, es representada en la península Ibérica como una Virgen Dolorosa, pañuelo en mano, con gesto compungido y lágrimas en las mejillas. En España existen hermandades muy antiguas bajo su advocación, que salen en procesión por las calles de Sevilla especialmente en Semana Santa: Esperanza Macarena, Hermandad de la Esperanza Triana, Hermandad de San Roque, Hermandad de la Trinidad y Hermandad de la O. 

En el templo hay una imagen de una Virgen de la Esperanza con las características de la Dolorosa. Hay también un cuadro de la Virgen de Guadalupe -patrona de América, que es la Virgen embarazada y caminando- adorada por San Juan Diego. En definitiva, todas estas advocaciones representan a la Virgen de la Esperanza.

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La Stella Maris -con corona de 12 estrellas y sobre las olas del mar- en el interior del templo.

Y la Stella Maris también representa a la Esperanza. En el siglo IX el monje benedictino Pascacio Radberto -teólogo de la maternidad y virginidad de María- describió a la Virgen como la Stella Maris, la Estrella del Mar que nos guía a seguir en el camino hacia Cristo “para no zozobrar en medio de las tormentas emocionales que alza las olas del mar”. De esta época procede también uno de los himnos más bellos a la Virgen, Ave María Estrella. Aquí unos versos:

Salve, del mar Estrella,

salve, Madre sagrada

de Dios y siempre Virgen,

puerta del cielo Santa.

La vista restituye,

las cadenas desata,

todos los males quita,

todos los bienes causa.

Muéstrate Madre, y llegue

por Ti nuestra Esperanza

a quien, por darnos vida,

nació de tus entrañas.

 

En el siglo XII escribió San Bernardo de Claraval:

Si surgen los vientos de la tentación, 

si te arrojan contra las rocas de la tribulación, 

mira a La Estrella, llama a María; 

si te golpean las olas del orgullo, de la ambición, 

de la envidia, de la rivalidad, 

mira a La Estrella, llama a María. 

En caso de que la ira, o la avaricia, 

o el deseo carnal asalten con violencia 

la frágil embarcación de tu alma, 

mira La Estrella, llama a María.

 

Villa Rodrigo Bueno

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Los primeros habitantes del asentamiento se instalaron mientras se diseñaba el trazado de 170 hectáreas de Puerto Madero y empezaban a levantarse las primeras torres de vidrio y cemento, al tiempo que en los antiguos docs se remodelaban los edificios de la Universidad Católica Argentina y el paseo gastronómico del nuevo barrio.

En la Rodrigo Bueno viven familias peruanas, bolivianas, paraguayas y argentinas, conformando el rico tejido multicultural típico de las villas.

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Al ingresar a la villa un cartel anuncia el plato del día en un local de comida al paso: Caldo de mote, un plato característico de los pueblos andinos. El mote es maíz pelado y hervido. El caldo de mote es un guiso de consistencia liviana, entre el locro y la mazamorra.

La villa Rodrigo Bueno creció muchísimo entre los dos últimos censos nacionales. Pasó de ser habitado por 350 personas en 2001 a 1900 personas en 2010 (datos del Censo de octubre de 2010, Dirección General de Estadística y Censo del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. El próximo censo será este año 2020 y se proyecta una población que supera los 3000 habitantes.

 

Historia de la villa 

Los primeros asentamientos fueron en terrenos tomados bajo la cota de inundación en la Costanera Sur a fines de los años 1980. Al ser una villa relativamente nueva, que nace después del gobierno de facto, no ha sido “numerada” como las demás -villas 21-24; villa 3; villa 15: la numeración marcaba las intenciones del gobierno militar: erradicarlas. El asentamiento tomó el nombre de “Rodrigo Bueno” en el año 2000, en honor al cantante de cuarteto muerto ese mismo año. 

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Av. España. A la izquierda, los nuevos edificios de la urbanización de la Rodrigo Bueno. A la derecha, en paralelo, la villa histórica Rodrigo Bueno.

Y aún habiendo nacido después de la historia de lucha del pueblo pobre de la ciudad, lucha que ha sido acompañada durante 50 años por los Curas Villeros, este barrio no solo sufre las consecuencias de la miseria, aquí también está bien presente la mística villera, que es la misma identidad de los pobres y excluídos del gran centro urbano porteño: cuidado (solidaridad entre vecinos para afrontara las dificultades) y dignidad (una intensa religiosidad popular).

Estos dos aspectos de la realidad de las villas –la miseria y la mística villera- nos reciben en la Rodrigo Bueno:  por un lado los “amanecidos” (grupos de jóvenes y no tan jóvenes que no han dormido y beben cerveza a las 10 de la mañana) y por otro lado una enorme ermita a la Virgen del Carmen y Misa en la capilla Caacupé.

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La villa es una especie de largo pasillo que se extiende a lo largo de la ribera costera, casi al límite de la cota de inundación, en una zona que había sido cedida en 1960 al club Boca Jr. para que construyeran allí su Ciudad Deportiva. El Club de fútbol inició la construcción de los cimientos pero la obra nunca fue terminada. Allí se refugiaron los primeros habitantes sin tierra, techo ni trabajo. A medida que fue creciendo la población construyeron ranchos y tolderías a su alrededor, sobre terreno inestable, sobre rellenos hechos con escombros de las obras públicas a orillas del estuario del Río de la Plata y a metros de un cementerio de autos. La villa empezó extendiéndose en unas 4 manzanas. En los años 90 IRSA compró los terrenos para hacer la eventual villa olímpica si Buenos Aires era declarada sede de los Juegos Olímpicos. Actualmente, después de muchas idas y vueltas legales, el barrio ha sido urbanizado con modernas construcciones, aunque la villa subsiste.

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Disputas de urbanización

Ante el gran crecimiento poblacional y las malas condiciones de vida de los villeros, el 24 de marzo de 2011 la jueza Elena Liberatori ordenó urbanizar la Villa Rodrigo Bueno. Por entonces, para el gobierno de la ciudad, en la villa vivían 300 familias, pero para los habitantes del asentamiento eran 1.200 familias. El intendente de Buenos Aires era en esa época el Ing. Mauricio Macri.

Después de vericuetos legales, apelaciones por parte del GCBA y de los abogados de los villeros, en 2005 y 2006 el gobierno de la ciudad demolió los ranchos y desalojó a 170 familias mediante el pago de subsidios. La jueza Liberatori falló en contra del desalojo, y consideró a las medidas como expulsivas, ya que en ningún momento intentaron políticas de inclusión y reconocimiento del derecho a la vivienda digna. 

Horacio Rodríguez Larreta, por entonces jefe de gabinete de Macri, apeló el fallo de Liberatori y no incluyó a esta villa en los planes de urbanización de los barrios vulnerables, argumentando que la Rodrigo Bueno no podía ser urbanizada al estar asentada sobre terrenos poco firmes y ganados al río, en una zona donde no habría infraestructura adecuada para que la gente viva. 

María Elia Capella, la abogada que presentó la acción de amparo en representación de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), desestimó los argumentos de Rodríguez Larreta al sostener que en los años 90 IRSA había comprado los terrenos para hacer una eventual villa olímpica, por lo que los terrenos sí eran aptos para vivienda humana y podían ser dotados de agua potable y servicios. Finalmente el 23 de marzo de 2017 se sancionó la urbanización. Durante el proceso, las asambleas vecinales se realizaron en la capilla virgen de Caacupé de la Rodrigo Bueno.

 

Capilla Caacupé Rodrigo Bueno

Vecinos de la Rodrigo Bueno en asamblea debatiendo la urbanización (foto Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires).

 

Habitantes y urbanización

Según un censo realizado por el IVC  -Instituto de Vivienda de la Ciudad de Buenos Aires- en 2016, en la villa Rodrigo Bueno viven unas 2.700 personas distribuidas en unas 553 viviendas en cuatro manzanas.

Desde la aprobación de la urbanización hasta la mudanza de las familias al nuevo predio transcurrieron 2 años. En junio de 2019 unas 600 familias que vivían en los palafitos -debajo de la cota de inundación- se mudaron a los nuevos edificios que el IVC el GCBA construyó sobre lo que era el cementerio de autos: 46 edificios de 3 pisos en 8 manzanas. El resto de las familias se quedarán en sus casas del “barrio histórico”, que proyectan ser renovadas.

Los habitantes pagan sus nuevas viviendas con cuotas de préstamos del IVC -hipotecarios, a 30 años máximo- que no superan el 20% de los ingresos familiares. 

 

Capilla Virgen de Caacupé

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La capilla, hoy. Al fondo, la Av. España y la urbanización.

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Dentro del área pastoral de la Parroquia de la Esperanza de Puerto Madero, en la Manzana 3, Av. España 1800, se encuentra  la capilla Virgen de Caacupé de la villa Rodrigo Bueno, frente al Centro Comunitario. La capilla existe desde el año 2000, y nace como una ermita con la identidad de las capillas villeras: es merendero, centro de apoyo escolar, y lugar de reunión vecinal. El 22 de agosto de 2019 se la erigió en capilla con reserva del Santísimo Sacramento.

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Altar de la capilla. Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, a la izquierda.

La capilla de la villa lleva el nombre de la patrona del Paraguay -Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé, que es una advocación a la Inmaculada Concepción-. Es chiquita y está muy cuidada. En el altar, súpercolorido, el Espíritu Santo en forma de paloma y luz es protagonista. A los costados de La Cruz están presentes la flor nacional del Paraguay –la pasionaria– y la flor nacional de la Argentina –el ceibo-. A la ermita de la Virgencita Azul la escoltan altarcitos a la Virgen de Luján, San Expedito, la Virgen Inmaculada y Santiago Apóstol de a pie, en su rol de peregrino -sin caballo ni espada-.

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Están también “los santos de las villas” -no canónicos- en cuadritos: el P. Carlos Mugica (villa 31) y el P. Rodolfo Ricciardelli (Bajo Flores), en comunión con la forma de vida, la tradición y la fe propia de las villas. 

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El Padre Ricciardelli y el Padre Mugica en cuadritos en la pared, debajo de la imagen del Cura Brochero. En la puerta, el Papa Francisco.

Los vecinos de la Rodrigo Bueno madrugan cada domingo para asistir a Misa de 9,30 y cantan junto al Coro de tres guitarras:

Pésame:

Santo: 

Comuniones:

 

Parroquia Nuestra Señora de la Esperanza

(Aimé Painé 1698, Buenos Aires, tel: 4576-7654)

Capilla Virgen de Caacupé (Manzana 3, villa Rodrigo Bueno).

 

 

La vida se hace historia

Mensaje del Papa Francisco para la 54º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

1-

 

Para que puedas contar y grabar en la memoria (cf. Ex 10,2)
La vida se hace historia

 

Quiero dedicar el Mensaje de este año al tema de la narración, porque creo que para no perdernos necesitamos respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y la fuerza para avanzar juntos. En medio de la confusión de las voces y de los mensajes que nos rodean, necesitamos una narración humana, que nos hable de nosotros y de la belleza que poseemos. Una narración que sepa mirar al mundo y a los acontecimientos con ternura; que cuente que somos parte de un tejido vivo; que revele el entretejido de los hilos con los que estamos unidos unos con otros.

1. Tejer historias

El hombre es un ser narrador. Desde la infancia tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado. Los relatos nos enseñan; plasman nuestras convicciones y nuestros comportamientos; nos pueden ayudar a entender y a decir quiénes somos.

El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. No tejemos sólo ropas, sino también relatos: de hecho, la capacidad humana de “tejer” implica tanto a los tejidos como a los textos. Las historias de cada época tienen un “telar” común: la estructura prevé “héroes”, también actuales, que para llevar a cabo un sueño se enfrentan a situaciones difíciles, luchan contra el mal empujados por una fuerza que les da valentía, la del amor. Sumergiéndonos en las historias, podemos encontrar motivaciones heroicas para enfrentar los retos de la vida.

El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado: en la historia serpentea el mal.

2. No todas las historias son buenas

«El día en que comáis de él, […] seréis como Dios» (cf. Gn 3,5). La tentación de la serpiente introduce en la trama de la historia un nudo difícil de deshacer. “Si posees, te convertirás, alcanzarás…”, susurra todavía hoy quien se sirve del llamado storytelling con fines instrumentales. Cuántas historias nos narcotizan, convenciéndonos de que necesitamos continuamente tener, poseer, consumir para ser felices. Casi no nos damos cuenta de cómo nos volvemos ávidos de chismes y de habladurías, de cuánta violencia y falsedad consumimos. A menudo, en los telares de la comunicación, en lugar de relatos constructivos, que son un aglutinante de los lazos sociales y del tejido cultural, se fabrican historias destructivas y provocadoras, que desgastan y rompen los hilos frágiles de la convivencia. Recopilando información no contrastada, repitiendo discursos triviales y falsamente persuasivos, hostigando con proclamas de odio, no se teje la historia humana, sino que se despoja al hombre de la dignidad.

Pero mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados. Necesitamos paciencia y discernimiento para redescubrir historias que nos ayuden a no perder el hilo entre las muchas laceraciones de hoy; historias que saquen a la luz la verdad de lo que somos, incluso en la heroicidad ignorada de la vida cotidiana.

3. La Historia de las historias

La Sagrada Escritura es una Historia de historias. ¡Cuántas vivencias, pueblos, personas nos presenta! Nos muestra desde el principio a un Dios que es creador y narrador al mismo tiempo. En efecto, pronuncia su Palabra y las cosas existen (cf. Gn 1). A través de su narración Dios llama a las cosas a la vida y, como colofón, crea al hombre y a la mujer como sus interlocutores libres, generadores de historia junto a Él. En un salmo, la criatura le dice al Creador: «Tú has creado mis entrañas, me has tejido en el seno materno. Te doy gracias porque son admirables tus obras […], no desconocías mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra» (139,13-15). No nacemos realizados, sino que necesitamos constantemente ser “tejidos” y “bordados”. La vida nos fue dada para invitarnos a seguir tejiendo esa “obra admirable” que somos.

En este sentido, la Biblia es la gran historia de amor entre Dios y la humanidad. En el centro está Jesús: su historia lleva al cumplimiento el amor de Dios por el hombre y, al mismo tiempo, la historia de amor del hombre por Dios. El hombre será llamado así, de generación en generación, a contar y a grabar en su memoria los episodios más significativos de esta Historia de historias, los que puedan comunicar el sentido de lo sucedido.

El título de este Mensaje está tomado del libro del Éxodo, relato bíblico fundamental, en el que Dios interviene en la historia de su pueblo. De hecho, cuando los hijos de Israel estaban esclavizados clamaron a Dios, Él los escuchó y rememoró: «Dios se acordó de su alianza con Abrahán, Isaac y Jacob. Dios se fijó en los hijos de Israel y se les apareció» (Ex 2, 24-25). De la memoria de Dios brota la liberación de la opresión, que tiene lugar a través de signos y prodigios. Es entonces cuando el Señor revela a Moisés el sentido de todos estos signos: «Para que puedas contar [y grabar en la memoria] de tus hijos y nietos […] los signos que realicé en medio de ellos. Así sabréis que yo soy el Señor» (Ex 10,2). La experiencia del Éxodo nos enseña que el conocimiento de Dios se transmite sobre todo contando, de generación en generación, cómo Él sigue haciéndose presente. El Dios de la vida se comunica contando la vida.

El mismo Jesús hablaba de Dios no con discursos abstractos, sino con parábolas, narraciones breves, tomadas de la vida cotidiana. Aquí la vida se hace historia y luego, para el que la escucha, la historia se hace vida: esa narración entra en la vida de quien la escucha y la transforma.

No es casualidad que también los Evangelios sean relatos. Mientras nos informan sobre Jesús, nos “performan[1] a Jesús, nos conforman a Él: el Evangelio pide al lector que participe en la misma fe para compartir la misma vida. El Evangelio de Juan nos dice que el Narrador por excelencia —el Verbo, la Palabra— se hizo narración: «El Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado» (cf. Jn 1,18). He usado el término “contado” porque el original exeghésato puede traducirse sea como “revelado” que como “contado”. Dios se ha entretejido personalmente en nuestra humanidad, dándonos así una nueva forma de tejer nuestras historias.

4. Una historia que se renueva

La historia de Cristo no es patrimonio del pasado, es nuestra historia, siempre actual. Nos muestra que a Dios le importa tanto el hombre, nuestra carne, nuestra historia, hasta el punto de hacerse hombre, carne e historia. También nos dice que no hay historias humanas insignificantes o pequeñas. Después de que Dios se hizo historia, toda historia humana es, de alguna manera, historia divina. En la historia de cada hombre, el Padre vuelve a ver la historia de su Hijo que bajó a la tierra. Toda historia humana tiene una dignidad que no puede suprimirse. Por lo tanto, la humanidad se merece relatos que estén a su altura, a esa altura vertiginosa y fascinante a la que Jesús la elevó.

Escribía san Pablo: «Sois carta de Cristo […] escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de corazones de carne» (2 Co 3,3). El Espíritu Santo, el amor de Dios, escribe en nosotros. Y, al escribir dentro, graba en nosotros el bien, nos lo recuerda. Re-cordar significa efectivamente llevar al corazón, “escribir” en el corazón. Por obra del Espíritu Santo cada historia, incluso la más olvidada, incluso la que parece estar escrita con los renglones más torcidos, puede volverse inspirada, puede renacer como una obra maestra, convirtiéndose en un apéndice del Evangelio. Como las Confesiones de Agustín. Como El Relato del Peregrino de Ignacio. Como la Historia de un alma de Teresita del Niño Jesús. Como Los Novios, como Los Hermanos Karamazov. Como tantas innumerables historias que han escenificado admirablemente el encuentro entre la libertad de Dios y la del hombre. Cada uno de nosotros conoce diferentes historias que huelen a Evangelio, que han dado testimonio del Amor que transforma la vida. Estas historias requieren que se las comparta, se las cuente y se las haga vivir en todas las épocas, con todos los lenguajes y por todos los medios.

5. Una historia que nos renueva

En todo gran relato entra en juego el nuestro. Mientras leemos la Escritura, las historias de los santos, y también esos textos que han sabido leer el alma del hombre y sacar a la luz su belleza, el Espíritu Santo es libre de escribir en nuestro corazón, renovando en nosotros la memoria de lo que somos a los ojos de Dios. Cuando rememoramos el amor que nos creó y nos salvó, cuando ponemos amor en nuestras historias diarias, cuando tejemos de misericordia las tramas de nuestros días, entonces pasamos página. Ya no estamos anudados a los recuerdos y a las tristezas, enlazados a una memoria enferma que nos aprisiona el corazón, sino que abriéndonos a los demás, nos abrimos a la visión misma del Narrador. Contarle a Dios nuestra historia nunca es inútil; aunque la crónica de los acontecimientos permanezca inalterada, cambian el sentido y la perspectiva. Contarse al Señor es entrar en su mirada de amor compasivo hacia nosotros y hacia los demás. A Él podemos narrarle las historias que vivimos, llevarle a las personas, confiarle las situaciones. Con Él podemos anudar el tejido de la vida, remendando los rotos y los jirones. ¡Cuánto lo necesitamos todos!

Con la mirada del Narrador —el único que tiene el punto de vista final— nos acercamos luego a los protagonistas, a nuestros hermanos y hermanas, actores a nuestro lado de la historia de hoy. Sí, porque nadie es un extra en el escenario del mundo y la historia de cada uno está abierta a la posibilidad de cambiar. Incluso cuando contamos el mal podemos aprender a dejar espacio a la redención, podemos reconocer en medio del mal el dinamismo del bien y hacerle sitio.

No se trata, pues, de seguir la lógica del storytelling, ni de hacer o hacerse publicidad, sino de rememorar lo que somos a los ojos de Dios, de dar testimonio de lo que el Espíritu escribe en los corazones, de revelar a cada uno que su historia contiene obras maravillosas. Para ello, nos encomendamos a una mujer que tejió la humanidad de Dios en su seno y —dice el Evangelio— entretejió todo lo que le sucedía. La Virgen María lo guardaba todo, meditándolo en su corazón (cf. Lc 2,19). Pidamos ayuda a aquella que supo deshacer los nudos de la vida con la fuerza suave del amor:

Oh María, mujer y madre, tú tejiste en tu seno la Palabra divina, tú narraste con tu vida las obras magníficas de Dios. Escucha nuestras historias, guárdalas en tu corazón y haz tuyas esas historias que nadie quiere escuchar. Enséñanos a reconocer el hilo bueno que guía la historia. Mira el cúmulo de nudos en que se ha enredado nuestra vida, paralizando nuestra memoria. Tus manos delicadas pueden deshacer cualquier nudo. Mujer del Espíritu, madre de la confianza, inspíranos también a nosotros. Ayúdanos a construir historias de paz, historias de futuro. Y muéstranos el camino para recorrerlas juntos.

Roma, junto a San Juan de Letrán, 24 de enero de 2020, fiesta de san Francisco de Sales.

 

Franciscus


[1] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2: «El mensaje cristiano no era sólo “informativo”, sino “performativo”. Eso significa que el Evangelio no es solamente una comunicación de cosas que se pueden saber, sino una comunicación que comporta hechos y cambia la vida».

Adorar la Vida

Celebración de la Epifanía del Señor -o Fiesta de los Reyes Magos- en la capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima, a la usanza de los pueblos andinos.

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Lorenza y los chicos del Barrio Fátima, haciendo la reverencia frente al Niño Dios.

“Si perdemos el sentido de la adoración, perdemos el sentido del movimiento de la vida cristiana, que es un camino hacia el Señor, no hacia nosotros”.

-Homilía del Papa Francisco en la Solemnidad de la Epifanía 2020

 

“Bienvenidos a este lugar en donde hacemos de todo” les dijo Zulma a las chicas y los chicos que se iban acomodando alrededor del Pesebre en la capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima, expectantes porque saben que hoy hay fiesta de Reyes con bailes, merienda y regalos. Así es: esta capilla es la Casa de Dios donde hay Misa, pero aquí también hay apoyo escolar, escuela de adultos, es la sede del MIE -Movimiento Infantil de Exploradores-, lugar de catequesis de Niños y Adultos, y hasta comedor y merendero del barrio. Ah, también hay un Cinerario -el Cinerario María Bassa-. Es un lugar santo donde la espiritualidad no es solo una idea, aquí la misericordia y la salvación comunitaria es un hecho.

El 6 de enero celebramos aquí la Fiesta de Reyes tal cual se celebra en los pueblos andinos: con la adoración al Niño Dios por medio de canciones, bailes típicos y alimentos compartidos, que no es otra cosa que la adoración a la Tierra como Madre y como Fecundidad -la Pachamama- simbolizada en la Sagrada Familia del Pesebre: Mamá, Papá y El Niño. La Epifanía es tiempo de esperanza porque Dios está con nosotros y se manifiesta, y de agradecimiento a la Naturaleza por los frutos de la tierra, es decir, del trabajo. Porque son los pueblos humildes y agrarios los que les están enseñando a las grandes ciudades -y a las nuevas generaciones con gran conciencia ecológica- el valor del trabajo genuino y del fruto de la tierra. No es -como dice Susana Giménez- que para solucionar la pobreza los pobres deben ir al campo a aprender a cultivar la tierra. No Su, es exactamente al revés: es la economía mundial en la que manda la ley del mercado (la ley del más fuerte) la que debe hacer una “conversión ecológica” y volver a los orígenes, a respetar la tierra como fuente de trabajo y al hombre en su dignidad, algo que los pobres y sencillos conocen muy bien. (Y bué, a una diva se le perdonan los prejuicios y el desconocimiento).

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La Virgen María, esculpida por el Padre Jorge Vernazza.

El pesebre de esta capilla es una reliquia, porque la figura de la Virgen fue moldeada -en los años 70`s- en arcilla por las manos del Padre Jorge Vernazza, miembro fundador del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo -MSTM, grupo fundacional del actual grupo de Curas Villeros-. Los Curas Villeros cumplieron 50 años de vida el año pasado, y esta capilla hace más de 40 años que acompaña a la población del Barrio Fátima de la mano de religiosos que han dado la vida por los pobres, como el Padre Carlos Bustos, y la hermana María Bassa -presente en el cinerario de esta capilla, que guarda sus restos y lleva su nombre-.

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Zulma, el Padre Adrián, y el Papa Francisco.

La iniciativa de celebrar la fiesta de Reyes adorando al Niño Dios como lo adoran los pueblos andinos fue de un grupo de catequistas y miembros de Construyendo Sueños guiadas Lorenza -referente social del barrio-, e incluyó una amena catequesis, merienda y repartija de regalitos que iluminaron los rostros de las chicas y chicos de 6 a 12 años, en su mayoría de la colonia de vacaciones de Construyendo Sueños. “Los Reyes Magos son los padrinos de Jesús”, dijo Zulma e inició el diálogo con el piberío.

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Las hermanas Amadeus (abrazo) y Hanna.

Estuvieron presentes las hermanas Hanna y Amadeus, el Padre Adrián, y madres y familiares de los chicos que no solo colaboraron con la organización de la fiesta, sino que bailaron a la par de las chicas y chicos, enseñándoles los pasos y acompañándolos de la mano. 

 

Inculturación y sincretismo

Los antiguos ritos espirituales en honor a la Pachamama -La Madre Tierra- fueron absorbidos por las celebraciones católicas que llegaron a América junto con los conquistadores, al producirse la inculturación del Evangelio en los pueblos andinos. Hoy en día las antiguas tradiciones están vivas en el pueblo y las celebraciones Navideñas del NOA argentino, Bolivia y Perú duran un mes: del 20 de diciembre al 19 de enero. 

En Jujuy y Salta se baila desde tiempos ancestrales La Danza de las Cintas durante todo el tiempo de Navidad. De un poste cuelgan cintas de todos los colores, que son sostenidas de los extremos por los niños mientras bailan alrededor al ritmo de villancicos, en presencia del Niño Dios. Bailan pasos serpenteantes, lo que va trenzando las cintas de colores creando un tejido alrededor del mástil, mientras se acorta la distancia de las cintas, hasta que el mástil queda revestido completamente. “La danza de las Cintas significa la Unidad en la Diversidad, porque todos somos distintos, pero todos somos Hijos de Dios”, dice Zulma a los chiquitos en su breve catequesis. ¡Y se larga el baile! Zulma nos enseña los pasos -hacia adelante y hacia atrás pegando saltitos, y haciendo la reverencia al llegar al Pesebre-, y chicos y grandes la siguen felices. Luego, merienda, y después, regalos y sonrisas para todos. Los Reyes Magos se alegraron al adorar al Niño Dios. Nosotros también. 

 

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La ecología es Paz

Mensaje del Papa Francisco por la 53º Jornada Mundial de la Paz 2020, que se celebra cada 1º de enero, este año bajo el tema: ““La Paz como camino de Esperanza: Diálogo, Reconciliación y Conversión ecológica”.

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El Papa Francisco saluda al Papa Emérito Benedicto XVI.

1. La paz, camino de esperanza ante los obstáculos y las pruebas

La paz, como objeto de nuestra esperanza, es un bien precioso, al que aspira toda la humanidad. Esperar en la paz es una actitud humana que contiene una tensión existencial, y de este modo cualquier situación difícil «se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta, si podemos estar seguros de esta meta y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino».[1] En este sentido, la esperanza es la virtud que nos pone en camino, nos da alas para avanzar, incluso cuando los obstáculos parecen insuperables.

Nuestra comunidad humana lleva, en la memoria y en la carne, los signos de las guerras y de los conflictos que se han producido, con una capacidad destructiva creciente, y que no dejan de afectar especialmente a los más pobres y a los más débiles. Naciones enteras se afanan también por liberarse de las cadenas de la explotación y de la corrupción, que alimentan el odio y la violencia. Todavía hoy, a tantos hombres y mujeres, niños y ancianos se les niega la dignidad, la integridad física, la libertad, incluida la libertad religiosa, la solidaridad comunitaria, la esperanza en el futuro. Muchas víctimas inocentes cargan sobre sí el tormento de la humillación y la exclusión, del duelo y la injusticia, por no decir los traumas resultantes del ensañamiento sistemático contra su pueblo y sus seres queridos.

Las terribles pruebas de los conflictos civiles e internacionales, a menudo agravados por la violencia sin piedad, marcan durante mucho tiempo el cuerpo y el alma de la humanidad. En realidad, toda guerra se revela como un fratricidio que destruye el mismo proyecto de fraternidad, inscrito en la vocación de la familia humana.

Sabemos que la guerra a menudo comienza por la intolerancia a la diversidad del otro, lo que fomenta el deseo de posesión y la voluntad de dominio. Nace en el corazón del hombre por el egoísmo y la soberbia, por el odio que instiga a destruir, a encerrar al otro en una imagen negativa, a excluirlo y eliminarlo. La guerra se nutre de la perversión de las relaciones, de las ambiciones hegemónicas, de los abusos de poder, del miedo al otro y la diferencia vista como un obstáculo; y al mismo tiempo alimenta todo esto.

Es paradójico, como señalé durante el reciente viaje a Japón, que «nuestro mundo vive la perversa dicotomía de querer defender y garantizar la estabilidad y la paz en base a una falsa seguridad sustentada por una mentalidad de miedo y desconfianza, que termina por envenenar las relaciones entre pueblos e impedir todo posible diálogo. La paz y la estabilidad internacional son incompatibles con todo intento de fundarse sobre el miedo a la mutua destrucción o sobre una amenaza de aniquilación total; sólo es posible desde una ética global de solidaridad y cooperación al servicio de un futuro plasmado por la interdependencia y la corresponsabilidad entre toda la familia humana de hoy y de mañana».[2]

Cualquier situación de amenaza alimenta la desconfianza y el repliegue en la propia condición. La desconfianza y el miedo aumentan la fragilidad de las relaciones y el riesgo de violencia, en un círculo vicioso que nunca puede conducir a una relación de paz. En este sentido, incluso la disuasión nuclear no puede crear más que una seguridad ilusoria.

Por lo tanto, no podemos pretender que se mantenga la estabilidad en el mundo a través del miedo a la aniquilación, en un equilibrio altamente inestable, suspendido al borde del abismo nuclear y encerrado dentro de los muros de la indiferencia, en el que se toman decisiones socioeconómicas, que abren el camino a los dramas del descarte del hombre y de la creación, en lugar de protegerse los unos a los otros.[3] Entonces, ¿cómo construir un camino de paz y reconocimiento mutuo? ¿Cómo romper la lógica morbosa de la amenaza y el miedo? ¿Cómo acabar con la dinámica de desconfianza que prevalece actualmente?

Debemos buscar una verdadera fraternidad, que esté basada sobre nuestro origen común en Dios y ejercida en el diálogo y la confianza recíproca. El deseo de paz está profundamente inscrito en el corazón del hombre y no debemos resignarnos a nada menos que esto.

2. La paz, camino de escucha basado en la memoria, en la solidaridad y en la fraternidad
Los Hibakusha, los sobrevivientes de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki, se encuentran entre quienes mantienen hoy viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió en agosto de 1945 y el sufrimiento indescriptible que continúa hasta nuestros días. Su testimonio despierta y preserva de esta manera el recuerdo de las víctimas, para que la conciencia humana se fortalezca cada vez más contra todo deseo de dominación y destrucción: «No podemos permitir que las actuales y nuevas generaciones pierdan la memoria de lo acontecido, esa memoria que es garante y estímulo para construir un futuro más justo y más fraterno».[4]

Como ellos, muchos ofrecen en todo el mundo a las generaciones futuras el servicio esencial de la memoria, que debe mantenerse no sólo para evitar cometer nuevamente los mismos errores o para que no se vuelvan a proponer los esquemas ilusorios del pasado, sino también para que esta, fruto de la experiencia, constituya la raíz y sugiera el camino para las decisiones de paz presentes y futuras.

La memoria es, aún más, el horizonte de la esperanza: muchas veces, en la oscuridad de guerras y conflictos, el recuerdo de un pequeño gesto de solidaridad recibido puede inspirar también opciones valientes e incluso heroicas, puede poner en marcha nuevas energías y reavivar una nueva esperanza tanto en los individuos como en las comunidades.

Abrir y trazar un camino de paz es un desafío muy complejo, en cuanto los intereses que están en juego en las relaciones entre personas, comunidades y naciones son múltiples y contradictorios. En primer lugar, es necesario apelar a la conciencia moral y a la voluntad personal y política. La paz, en efecto, brota de las profundidades del corazón humano y la voluntad política siempre necesita revitalización, para abrir nuevos procesos que reconcilien y unan a las personas y las comunidades.

El mundo no necesita palabras vacías, sino testigos convencidos, artesanos de la paz abiertos al diálogo sin exclusión ni manipulación. De hecho, no se puede realmente alcanzar la paz a menos que haya un diálogo convencido de hombres y mujeres que busquen la verdad más allá de las ideologías y de las opiniones diferentes. La paz «debe edificarse continuamente»,[5] un camino que hacemos juntos buscando siempre el bien común y comprometiéndonos a cumplir nuestra palabra y respetar las leyes. El conocimiento y la estima por los demás también pueden crecer en la escucha mutua, hasta el punto de reconocer en el enemigo el rostro de un hermano.

Por tanto, el proceso de paz es un compromiso constante en el tiempo. Es un trabajo paciente que busca la verdad y la justicia, que honra la memoria de las víctimas y que se abre, paso a paso, a una esperanza común, más fuerte que la venganza. En un Estado de derecho, la democracia puede ser un paradigma significativo de este proceso, si se basa en la justicia y en el compromiso de salvaguardar los derechos de cada uno, especialmente si es débil o marginado, en la búsqueda continua de la verdad.[6] Es una construcción social y una tarea en progreso, en la que cada uno contribuye responsablemente a todos los niveles de la comunidad local, nacional y mundial.

Como resaltaba san Pablo VI: «La doble aspiración hacia la igualdad y la participación trata de promover un tipo de sociedad democrática. […] Esto indica la importancia de la educación para la vida en sociedad, donde, además de la información sobre los derechos de cada uno, sea recordado su necesario correlativo: el reconocimiento de los deberes de cada uno de cara a los demás; el sentido y la práctica del deber están mutuamente condicionados por el dominio de sí, la aceptación de las responsabilidades y de los límites puestos al ejercicio de la libertad de la persona individual o del grupo».[7]

Por el contrario, la brecha entre los miembros de una sociedad, el aumento de las desigualdades sociales y la negativa a utilizar las herramientas para el desarrollo humano integral ponen en peligro la búsqueda del bien común. En cambio, el trabajo paciente basado en el poder de la palabra y la verdad puede despertar en las personas la capacidad de compasión y solidaridad creativa.

En nuestra experiencia cristiana, recordamos constantemente a Cristo, quien dio su vida por nuestra reconciliación (cf. Rm 5,6-11). La Iglesia participa plenamente en la búsqueda de un orden justo, y continúa sirviendo al bien común y alimentando la esperanza de paz a través de la transmisión de los valores cristianos, la enseñanza moral y las obras sociales y educativas.

3. La paz, camino de reconciliación en la comunión fraterna

La Biblia, de una manera particular a través de la palabra de los profetas, llama a las conciencias y a los pueblos a la alianza de Dios con la humanidad. Se trata de abandonar el deseo de dominar a los demás y aprender a verse como personas, como hijos de Dios, como hermanos. Nunca se debe encasillar al otro por lo que pudo decir o hacer, sino que debe ser considerado por la promesa que lleva dentro de él. Sólo eligiendo el camino del respeto será posible romper la espiral de venganza y emprender el camino de la esperanza.

Nos guía el pasaje del Evangelio que muestra el siguiente diálogo entre Pedro y Jesús: «“Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”» (Mt 18,21-22). Este camino de reconciliación nos llama a encontrar en lo más profundo de nuestros corazones la fuerza del perdón y la capacidad de reconocernos como hermanos y hermanas. Aprender a vivir en el perdón aumenta nuestra capacidad de convertirnos en mujeres y hombres de paz.

Lo que afirmamos de la paz en el ámbito social vale también en lo político y económico, puesto que la cuestión de la paz impregna todas las dimensiones de la vida comunitaria: nunca habrá una paz verdadera a menos que seamos capaces de construir un sistema económico más justo. Como escribió hace diez años Benedicto XVI en la Carta encíclica Caritas in veritate: «La victoria sobre el subdesarrollo requiere actuar no sólo en la mejora de las transacciones basadas en la compraventa, o en las transferencias de las estructuras asistenciales de carácter público, sino sobre todo en la apertura progresiva en el contexto mundial a formas de actividad económica caracterizada por ciertos márgenes de gratuidad y comunión» (n. 39).

4. La paz, camino de conversión ecológica

«Si una mala comprensión de nuestros propios principios a veces nos ha llevado a justificar el maltrato a la naturaleza o el dominio despótico del ser humano sobre lo creado o las guerras, la injusticia y la violencia, los creyentes podemos reconocer que de esa manera hemos sido infieles al tesoro de sabiduría que debíamos custodiar».[8]

Ante las consecuencias de nuestra hostilidad hacia los demás, la falta de respeto por la casa común y la explotación abusiva de los recursos naturales —vistos como herramientas útiles únicamente para el beneficio inmediato, sin respeto por las comunidades locales, por el bien común y por la naturaleza—, necesitamos una conversión ecológica.

El reciente Sínodo sobre la Amazonia nos lleva a renovar la llamada a una relación pacífica entre las comunidades y la tierra, entre el presente y la memoria, entre las experiencias y las esperanzas.

Este camino de reconciliación es también escucha y contemplación del mundo que Dios nos dio para convertirlo en nuestra casa común. De hecho, los recursos naturales, las numerosas formas de vida y la tierra misma se nos confían para ser “cultivadas y preservadas” (cf. Gn 2,15) también para las generaciones futuras, con la participación responsable y activa de cada uno. Además, necesitamos un cambio en las convicciones y en la mirada, que nos abra más al encuentro con el otro y a la acogida del don de la creación, que refleja la belleza y la sabiduría de su Hacedor.

De aquí surgen, en particular, motivaciones profundas y una nueva forma de vivir en la casa común, de encontrarse unos con otros desde la propia diversidad, de celebrar y respetar la vida recibida y compartida, de preocuparse por las condiciones y modelos de sociedad que favorecen el florecimiento y la permanencia de la vida en el futuro, de incrementar el bien común de toda la familia humana.

Por lo tanto, la conversión ecológica a la que apelamos nos lleva a tener una nueva mirada sobre la vida, considerando la generosidad del Creador que nos dio la tierra y que nos recuerda la alegre sobriedad de compartir. Esta conversión debe entenderse de manera integral, como una transformación de las relaciones que tenemos con nuestros hermanos y hermanas, con los otros seres vivos, con la creación en su variedad tan rica, con el Creador que es el origen de toda vida. Para el cristiano, esta pide «dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea».[9]

5. Se alcanza tanto cuanto se espera [10]
El camino de la reconciliación requiere paciencia y confianza. La paz no se logra si no se la espera. En primer lugar, se trata de creer en la posibilidad de la paz, de creer que el otro tiene nuestra misma necesidad de paz. En esto, podemos inspirarnos en el amor de Dios por cada uno de nosotros, un amor liberador, ilimitado, gratuito e incansable.

El miedo es a menudo una fuente de conflicto. Por lo tanto, es importante ir más allá de nuestros temores humanos, reconociéndonos hijos necesitados, ante Aquel que nos ama y nos espera, como el Padre del hijo pródigo (cf. Lc 15,11-24). La cultura del encuentro entre hermanos y hermanas rompe con la cultura de la amenaza. Hace que cada encuentro sea una posibilidad y un don del generoso amor de Dios. Nos guía a ir más allá de los límites de nuestros estrechos horizontes, a aspirar siempre a vivir la fraternidad universal, como hijos del único Padre celestial.

Para los discípulos de Cristo, este camino está sostenido también por el sacramento de la Reconciliación, que el Señor nos dejó para la remisión de los pecados de los bautizados. Este sacramento de la Iglesia, que renueva a las personas y a las comunidades, nos llama a mantener la mirada en Jesús, que ha reconciliado «todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz» (Col 1,20); y nos pide que depongamos cualquier violencia en nuestros pensamientos, palabras y acciones, tanto hacia nuestro prójimo como hacia la creación.

La gracia de Dios Padre se da como amor sin condiciones. Habiendo recibido su perdón, en Cristo, podemos ponernos en camino para ofrecerlo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Día tras día, el Espíritu Santo nos sugiere actitudes y palabras para que nos convirtamos en artesanos de la justicia y la paz.

Que el Dios de la paz nos bendiga y venga en nuestra ayuda.

Que María, Madre del Príncipe de la paz y Madre de todos los pueblos de la tierra, nos acompañe y nos sostenga en el camino de la reconciliación, paso a paso.

Y que cada persona que venga a este mundo pueda conocer una existencia de paz y desarrollar plenamente la promesa de amor y vida que lleva consigo.

Vaticano, 8 de diciembre de 2019

FRANCISCO

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[1] Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi (30 noviembre 2007).
[2] Discurso sobre las armas nucleares, Nagasaki, Parque del epicentro de la bomba atómica, 24 noviembre 2019. [3] Cf. Homilía en Lampedusa, 8 julio 2013.
[4] Encuentro por la paz, Hiroshima, Memorial de la Paz, 24 noviembre 2019.
[5] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 78.
[6] Cf. Benedicto XVI, Discurso a los dirigentes de las asociaciones cristianas de trabajadores italianos, 27 enero 2006. [7] Carta. ap. Octogesima adveniens (14 mayo 1971), 24.
[8] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 200.
[9] Ibíd., 217.
[10] Cf. S. Juan de la Cruz, Noche Oscura, II, 21, 8.

10 momentos de 2019

A lo largo del año cantamos, peregrinamos, estudiamos, rezamos, inauguramos y proyectamos un 2020 con mucha esperanza.

1- Enero, Bendición del flamante “Coro de Niños Amor y Paz”

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Inauguración del Coro Amor y Paz, en las puertas de la capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima.

El Coro Amor y Paz fue creado por las hermanas Hanna y Amadeus a pocos meses de instalarse en la capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima, y es todo un éxito. Fue bendecido por el Padre Adrián con la presencia de familiares y vecinos y de la hermana Felicitas Nesi, religiosa del Sagrado Corazón de Jesús que llegó a este barrio de la mano de la Hermana María Bassa y que el 8 de diciembre celebró los 60 años de su elección a la vida religiosa. Las hermanitas también crearon el coro de adultos “Una Gota en el desierto”. ¡Y cada día cantan mejor!

2- Abril, Misa de Envío de los Retiros Entretiempo Mujeres

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Las mujeres de Soldati -grandes hospederas- recibieron a las mujeres de los Retiros Entretiempo en la parroquia, donde el Padre Rafael Cúnsulo presidió la Misa de envío misionero. Y dió grandes frutos: en Noviembre, un grupo de misioneras de ET Soldati lideradas por Mabel Ganz organizó un retiro espiritual para las mujeres en consumo de la Granja La Providencia. 

3- Abril, Vía Crucis Viviente por los barrios de Soldati

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Fue impactante la representación que los Jóvenes Exploradores realizaron del Vía Crucis Viviente en esta Pascua, caminando por los barrios de Soldati, leyendo los pasajes del Evangelio y cantando. El momento de la crucifixión con la Virgen María, San Juan y María Magdalena a los pies de la Cruz fue muy emocionante.

4- Junio, Misa iluminados por la Luz de Cristo

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Homilía del Padre Gustavo a la luz de las velas.

El 16 de junio, -Día de la Santísima Trinidad- celebramos la misa en la parroquia y las capillas bajo una descomunal lluvia torrencial y a la luz de las velas a causa de un apagón generalizado que afectó a la Argentina, Uruguay, Chile y Paraguay. Parroquia y capillas igual de llenas que si hubiera sido un día de sol.

5- Julio, inauguración de la Casita Mons. Oscar Romero

 

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Situada en el Hogar de Cristo San Expedito -donde también funciona el Espacio de Primera Infancia Mons. Enrique Angelelli- la casita amigable alberga a personas sin techo que están en el camino de la recuperación de adicciones. 

6- Agosto, fiesta de la Virgen de Copacabana en la Basílica de Luján

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Junto a los pasantes 2019 Lalo y Sandra y familias de la parroquia asistimos a la tradicional Misa en la que miles de devotos de origen boliviano veneran a esta advocación de la Virgen en la Basílica Luján, a la que cada comunidad acerca su propia Virgen de Copacabana, creando en la plaza frente al Santuario un verdadero mar de virgencitas. Luego disfrutamos de tinkus, bailes y comidas típicas. 

7- Septiembre, Día del Niño

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Este año celebramos el Día del Niño en septiembre con enorme merienda para más de 600 chicos y chicas de la parroquia y las capillas -miembros del Movimiento Infantil de Exploradores, del Cavi y de la catequesis de la Primera Comunión- en momentos de emergencia alimentaria y 40% de pobreza en la Argentina. Con más esperanza que nunca.

8- Septiembre, Jorge Ganz camino al diaconado permanente

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Jorge será nombrado diácono permanente en 2020.

Gran colaborador de la parroquia junto a su familia -su esposa Mabel y sus hijos- si Dios quiere en 2020 Jorge Ganz será nombrado nuevo diácono permanente. Hace años que misiona en familia en la parroquia, y en la actualidad está misionando especialmente en la capilla Santa Teresita del barrio Los Pinos. 

9- Noviembre, primeros Bachilleres en Arte egresados en el colegio parroquial

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Las chicas y chicos que inauguraron el primer año del colegio y que cursaron los 5 años completos se recibieron de Bachilleres en Arte. Son la primera camada. El colegio crece día a día y es centro de reunión de diversas actividades: aquí también se realizó el Sínodo de las parroquias villeras, en el que analizamos y meditamos la realidad de los barrios, que por primera vez participamos de un sínodo. 

10- Diciembre, visita de la Virgen de Itatí

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La Virgen Peregrina de Itatí nos vino a visitar, y la llevamos a peregrinar por el asentamiento La Veredita y los barrios Los Pinos, Fátima y Carrillo, llevando bendición a las familias de las villas y a la gran población infantil que supera el 50% de sus habitantes totales. Nosotros felices de recibirla, porque donde va la Virgen no entra el diablo, y porque la Virgen va a donde ella quiere. ¡Que María de Itatí nos cubra y proteja bajo su manto de ñanduti en este nuevo año 2020 que comienza!

La pastoral de la ternura

Memoria y Balance 2019 de la tarea pastoral que realiza el equipo de Curas Villeros, que este año cumplió 50 años de vida.

 

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El Padre Carlos Mugica en 1969, en la villa 31.

El cuidado de la vida es la clave de toda la pastoral villera. Hoy en día los Curas Villeros realizan esta tarea desde diferentes dispositivos que se ocupan especialmente de cada etapa de la vida: de la gestación (Hogares del Abrazo Maternal), de la primera infancia (Espacios de Primera Infancia), de la niñez y la juventud (Clubes de barrio, Escuelas villeras, Hogares de Cristo), de la madurez (Encuentros de Adultos Mayores) y de la realidad y problemática de las Mujeres de las villas (Encuentro de Mujeres de los Barrios Populares).  

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28 de junio de 2019. Los Curas Villeros celebraron 50 años de vida en la Misa por el Día del Pontífice en la parroquia Cristo Obrero de la Villa 31. Detrás, el sepulcro del Padre Carlos Mugica.

Y a medida que fue creciendo la indigencia, la falta de trabajo y la pobreza en la Argentina -en los últimos 4 años de manera exponencial- el equipo de Curas Villeros -que es un cuerpo colegiado- también fue creciendo. Si bien hace ya un tiempo que el equipo de sacerdotes de las villas de la Capital Federal está trabajando codo a codo con diferentes parroquias del conurbano este año se oficializó la ampliación de la pastoral villera y el Equipo de la pastoral en las villas de capital y provincia elevó su número a más de 40 parroquias: 11 en capital y casi 30 en provincia.

Los Curas Villeros son uno de los sectores de la Iglesia con más imagen positiva. Para muchos es “por culpa” de la Mística Villera, que podemos definir en dos palabras: cuidado y dignidad. El cuidado de la vida como el bien supremo de la creación y la lucha por la dignidad de la persona. 

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El Padre Juan Isasmendi y vecinos de las villas rememoran a los Padres Carlos Mugica, Rodolfo Ricciardelli y Jorge Vernazza, en la III Jornada Mundial de los Pobres en la parroquia Madre del Pueblo. Al fondo, dentro de la Iglesia, el sepulcro del Padre Ricciardelli.

Esta mística villera es herencia del grupo fundacional de los Curas Villeros, el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo -MSTM- que surgió hace 50 años. Las enseñanzas de sus fundadores -y principalmente sus propias vidas- iluminan la misión y mística del actual equipo: Los Padres Carlos Mugica, Jorge Vernazza, Rodolfo Ricciardelli, Daniel de la Sierra, Pichi Meseggier, Carlos Bustos y las religiosas y catequistas que en silencio dieron la vida por los pobres. 

La mística villera se asienta en tres columnas mediante las cuales se realiza la tarea pastoral: Colegio, Capilla y Club. 

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El Padre Toto de Vedia (inseparable de su bicicleta) en la vereda de la parroquia y la escuela Virgen de Caacupé (villa 21-24, Barracas).

Las escuelas de las villas

Las escuelas de los barrios son el tesoro de la pastoral villera. Los chicos y chicas que en muchos casos viven hacinados en pocos metros, compartiendo ambientes sin ventanas, van caminando a la escuela de la villa donde maestros, maestras, profesoras y profesores les enseñan con el mismo nivel académico con el que se dictan las clases en cualquier colegio parroquial de la Capital Federal. Y si bien la capacitación en oficios gestionada en las parroquias ha facilitado la inserción laboral de padres y madres de familia, era urgente la creación de escuelas en las villas, donde más del 50% de la población tiene menos de 17 años.  En la era de la información y del mundo globalizado las y los jóvenes de las villas necesitan de una formación que iguale en oportunidades para poder estudiar en la universidad. 

La característica principal de estos colegios es que son escuelas gratuitas y católicas en las que se respeta la diversidad cultural típica de las villas, conformadas por por la enorme riqueza de la cultura latinoamericana. Los colegios, lejos de querer uniformizar, respetan y alientan las diferentes identidades latinoamericanas propias de las familias de las villas. Aquí las chicas y chicos argentinos estudian junto a chicas y chicos de procedencia boliviana, paraguaya y peruana, creando conciencia de patria grande y clima de paz y de unidad en la diferencia. 

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Los 4 colegios de las villas de capital son el Virgen Inmaculada de Soldati, Virgen de Caacupé de Barracas, Madre del Pueblo del Barrio Rodolfo Ricciardelli y Virgen del Carmen de Ciudad Oculta. Son escuelas públicas de gestión privada, un modelo educativo que gestó el Padre Pepe di Paola cuando estaba en la villa 21-24 de Barracas y que cada año crece ediliciamente y en la matrícula de alumnos, todos niños y jóvenes de las villas que acceden a educación a pocas cuadras de sus casas y con un nivel académico similar al de cualquier colegio parroquial del centro de Buenos Aires. 

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Escuela Primaria San José, en Puerta de Hierro, La Matanza.

Este año, además, se inauguró el colegio de la parroquia San José de Puerta de Hierro -La Matanza-, donde está el padre Tano Angelotti, que en poco tiempo levantó un polo educativo enorme que da servicio a la enorme población pobre del corazón del conurbano bonaerense, donde está la mayoría de los 6 de 10 niños pobres que hay hoy en la Argentina

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Fútbol femenino en una de las 5 sedes del CAVI -Club Atlético Virgen Inmaculada-.

Los clubes de los barrios

Los clubes deportivos parroquiales son el corazón de la tarea preventiva en los barrios, atajando a los chicos de caer en el consumo. Con gran espíritu salesiano, el deporte es la gran herramienta de transmisión de valores como el compañerismo, la solidaridad y el juego limpio, la forma de crear conciencia, por medio del juego, de que el esfuerzo vale la pena y la vida comunitaria es fuente de alegría

Cada parroquia tiene su club que compite en diferentes ligas en todos los deportes -fútbol masculino y femenino, hóckey, taekwondo-. Algunos clubes incluyen actividades gimnásticas para las madres, e incluso el CAVI -Club Atlético Virgen Inmaculada- incorporó una escuelita de música. Así, los clubes aglutinan la vida social y cultural de las villas, creando esos espacios “sanos y dichosos” -en palabras del Papa Francisco- que otorgan dignidad a la población más pobre. Espacios de salvación comunitaria. A medida que crecen los clubes y las escuelas en las villas, se achica la posibilidad de que en el futuro los niños de hoy terminen en los Hogares de Cristo.

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Capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima. 40 años de la mano de los Curas Villeros.

Qué se entiende por Capilla

Y aunque en el Colegio y el Club está muy presente el Evangelio de Jesús (cada club creó su propia oración que las chicas y chicos rezan antes de cada partido), la Capilla comprende actividades sociales y religiosas en la que está muy presente la mística popular.

La enorme actividad de la pastoral villera se debe a que cada parroquia -centro neural de la actividad- contiene a su vez diferentes capillas en los barrios más alejados de la parroquia, que conforman un tejido de asistencia espiritual que se extiende mucho más allá del centro parroquial, donde se encuentran las casas donde viven los Curas Villeros. 

Todo el año en la parroquia y las capillas se da catequesis instructiva para que los niños y adultos de los barrios conozcan vida y obra de Cristo y reciban los sacramentos durante las fiestas patronales de cada parroquia y cada capilla, de acuerdo a la advocación a la que pertenecen.

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Las Fiestas Patronales duran días. Nueve días, porque cada fiesta patronal realiza el rezo de la Novena a cada santo de cada capilla, en la que los adultos que así lo desean asisten a catequesis para ser Bautizados, Confirmados o recibir la Primera Comunión. Cuando hay fiestas patronales con Confirmaciones ¡viene el Obispo! y las Novenas culminan con una gran Misa con Sacramentos, fiesta, música y compartida en familia. En la Fiesta de Santiago -del Tata Santiago- (24 de junio) y de la Virgen de Copacabana -patrona de Bolivia- (2 de agosto) hay incluso ceremonia del incienso y bailes folclóricos. La novena y fiesta a la Virgen de Caacupé -patrona del Paraguay- (8 de diciembre) emociona por el amor de los vecinos a la Madre del Pueblo. Acá en la villa las fiestas patronales son realmente fiestas en las que se manifiesta la profunda religiosidad popular.

Capilla también son las peregrinaciones comunitarias a santuarios: la más importante es la peregrinación anual a Luján -patrona de la Argentina y patrona de los Caminos-, que congrega a los vecinos, que se organizan para asistir y alimentar a los peregrinos de cada comunidad, practicando así la solidaridad que luego aflora naturalmente cuando se necesita.

 

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Capilla es también la pastoral de adultos mayores en los barrios, conformada por catequistas y misioneros que visitan a los y las abuelas pobres, los llevan al médico y les acercan la Comunión a los que no pueden ir a Misa. Este año se realizó el primer Encuentro de Adultos Mayores de las parroquias de la Vicaría Flores en la parroquia Fátima de Villa Soldati. Allí  abuelas y abuelos fueron agasajados con té, matecitos y cosas ricas, oración, música y alegría. 

Capilla también es la tarea de los flamantes Hogares del Abrazo Maternal, creados en pleno debate por la Legalización del Aborto en el año 2018, que alberga a madres solas y en vulnerabilidad. El primero en inaugurarse fue el de Villa La Cárcova -Padre Pepe di Paola-, le siguieron el de Caacupé Barracas -Padre Toto de Vedia, villa 21-24-, el Hogar Padre Mugica de la villa 31 -Padre Willy Torre-, el Don Orione -Claypole- y el Hogar Mama Antula en Morón.

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María Elena Acosta, Lourdes Molina y las mujeres de las villas ya están organizando el II Encuentro de Mujeres Creyentes de los Barrios Populares para septiembre de 2020.

Es capilla también la atención y asistencia a la difícil realidad que viven las mujeres de los barrios, que luchan con adversidades que no aparecen en los medios de comunicación, y son una enorme mayoría silenciosa que, congregadas por las parroquias villeras, empiezan a hacer oír su existencia en los Encuentros de Mujeres Creyentes de los Barrios Populares, cuya primera edición 2019 fue un éxito -se esperaban a 200 asistentes y superó en mil el número de mujeres que participaron- cuya segunda edición ya se está preparando y convocará incluso a las mujeres de los barrios populares de latinoamérica. 

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Capilla también es el Movimiento de los Exploradores que bajo el lema Verdad, Valentía y Servicio, educa a los jóvenes como líderes positivos que cuidan de los más chiquitos de las villas y colaboran con las tareas sociales del barrio mientras estudian y o trabajan en un contexto lleno de dificultades para el normal crecimiento de la juventud.  Aquí, el Movimiento Infantil de Exploradores de la Inmaculada en el campamento de fin de año, acompañados por los Jóvenes Exploradores.

 

Los Hogares de Cristo y sus dispositivos

Podemos considerar como Capilla también otras actividades pastorales que realizan los Curas Villeros, encarnadas en las urgencias concretas del consumo: los Hogares de Cristo, centros de rehabilitación de adicciones con casas de primer umbral que reciben a mujeres y hombres en situación de consumo y calle. También hay Hogares de segundo umbral con capacitación en oficios y salida laboral, casas para personas en recuperación y sin techo, casas de sanación física para personas con tuberculosis, casas para madres en consumo -en las que viven con sus hijos mientras salen de la droga- y casas para personas trans que se recuperan de adicciones.

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El Padre Pepe di Paola, en la Asamblea de la Federación de Hogares de Cristo.

 

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La tarea de los Hogares de Cristo es enorme. En solo 11 años de vida crecieron a medida que creció el desempleo y el consumo de drogas. Hoy en día ya hay 160 Hogares de Cristo en toda la Argentina, incluso cruzaron las fronteras hacia Uruguay y Paraguay. Los Hogares nacieron en la parroquia Caacupé Barracas en la Semana Santa de 2008 cuando el Arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio (foto) realizó la ceremonia del lavatorio de pies a jóvenes de la villa 21-24 que el Padre Pepe di Paola recibió para ayudarlos a recuperarse.

Un lugar que surge a partir de los Hogares de Cristo son los Espacios de Primera Infancia -EPI-, que son centros de educación y contención para los hijos e hijas de los jóvenes que luchan por su recuperación. Allí los chiquitos son cuidados bajo las consignas del apego seguro y la crianza con ternura, y sus madres en recuperación -muchas de ellas sin familias y que han vivido en la calle toda la vida- aprenden a amamantar, alimentar y a educar a sus hijos. Los EPI son como madres de las mujeres que han sido abandonadas por sus familias, como abuelas que cuidan de los chiquitos de esas mujeres.

Un dispositivo fundamental del circuito de sanación de los Hogares de Cristo son las Granjas. En las Granjas, hombres y mujeres son aislados de los habituales ambientes de consumo -en su mayoría de la calle- para iniciar el camino de la recuperación. En las granjas no solo reciben tratamientos médicos. También son asistidos psicológica y espiritualmente, porque las adicciones no son solo corporales, son enfermedades del alma.

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Las mujeres de la Granja de Mujeres La Providencia -de la parroquia Madre del Pueblo del Bajo Flores- este año realizaron un Retiro Espiritual en la Casa de Mama Antula de Moreno, organizado por un grupo de misioneras de Entretiempo de Virgen Inmaculada. Las organizadoras adaptaron las dinámicas de los Ejercicios Espirituales y a las mujeres de la Granja les gustó mucho realizarlo, tanto que pidieron asistir a un próximo retiro en 2020. Las chicas asistieron con sus hijas e hijos -que fueron cuidados por un grupo de niñeras para que sus madres pudieran realizar el retiro-, y también asistieron personas trans. 

Todas estas actividades otorgan al Equipo de Curas Villeros un peso social irreemplazable. Se ve cada vez que el equipo da a conocer un comunicado o sienta opinión sobre diferentes temas de actualidad.

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Para el 2020 se espera con gran expectativa la reunión sobre la Economía de Francisco, que se realizará en la villa Marista de Luján el 27 de marzo, paralelamente al gran cónclave que será en Asís -Italia- , en la que se dará a conocer la propuesta de la Iglesia de hoy para solucionar la crisis global del trabajo y de las economías mundiales. El grito de la tierra es el grito del pobre, y ambos gritos son un solo grito y este Encuentro propone solucionar las causas de la crisis económica mundial. Los ejes de trabajo: “La tierra nos precede y nos ha sido dada” (Laudato Si 76), “Dios creó el mundo para todos” (Laudato Si 93) y “Estamos llamados al trabajo desde nuestra creación” (Laudato Si 128).

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Cerramos el año con un regalo de Navidad: el presidente Alberto Fernández apareció imprevistamente en la tradicional cena navideña que cada año organiza el Santuario de San Cayetano de Liniers. Compartió la Nochebuena con el jefe de gabinete Santiago Cafiero, familiares y el Obispo para la pastoral en las villas, Mons. Gustavo Carrara. Un gesto de cercanía que da esperanza a las familias de los barrios que sufren las consecuencias de la inflación y la falta de trabajo.  “Los invito a tenderle una mano a los que sufren” tuiteó el presidente.

Aquí, la Memoria y Balance de la actividad del Equipo de Curas Villeros durante 2019 en 12 eventos fundamentales:

1- 9 y 10 de marzo, Cumpleaños 11 de los Hogares de Cristo, Encuentro “Corazón + Arte” y Asamblea de la Federación.

2- 1º de mayo, Misa por Trabajo en el Santuario de San Cayetano y documento “Es urgente combatir el desempleo”.

3- 2 de junio, Segundo Encuentro “No más chicos descartables” en el polo educativo salesiano. “La Pastoral villera”, Ponencia de Mons. Gustavo Carrara .

4- 13 de junio, Mensaje del Papa Francisco por la III Jornada Mundial de los Pobres.

5- 20 de junio, Primer Encuentro de Mujeres de los Barrios Populares en la villa Marista de Luján.

6- 28 de junio, “Luz para los pobres” comunicado del equipo de Curas Villeros en apoyo al Papa Francisco en la Misa por el Día del Pontífice.

7- 14 de septiembre Tercer Encuentro Nacional de los Hogares de Cristo en la villa marista de Luján.

8- 5 y 6 de octubre, Peregrinación a Luján de las parroquias villeras.

9- 14 de octubre , Reunión Sinodal de los Barrios Populares en la parroquia Virgen Inmaculada.

10- 17 de noviembre, Homenaje a los Padres fundadores del equipo de Curas Villeros en la villa 1-11-14, rebautizada Padre Rodolfo Ricciardelli, en la tercera Jornada Mundial de los Pobres.

11- 4 de diciembre, Resumen del ciclo de Charlas Laudato Si, de la Familia Grande Hogar de Cristo, en Cáritas Nacional.

12- 22 de diciembre, Los 50 años de los Curas de las Villas y de las tradicionales Segundas Comuniones de las chicas y chicos de los barrios populares en la Basílica de Luján.

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Los Curas Villeros celebraron los 50 años de vida del Equipo de sacerdotes para la pastoral  en las villas en la Misa en la que cientos de chicas y chicos de los barrios populares recibieron la tradicional Segunda Comunión en la Basílica de Luján.

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El Cardenal Mario A. Poli celebró la Misa junto al equipo de sacerdotes para las villas de capital y provincia, guiados por Mons. Gustavo Carrara.

 

Con el altar sembrado de chicas y chicos vestidos de blanco, el domingo 22 de diciembre el Arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina Cardenal Mario A. Poli presidió la Misa en la Basílica de Luján en la que recibieron la Segunda Comunión cientos de chicas y chicos de las parroquias villeras que tomaron la Primera Comunión en noviembre.

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El Padre Willy Torre ingresando a la Basílica, párroco de Cristo Obrero de la villa 31, el santuario donde nacieron los Curas Villeros y donde está el mausoleo al Padre Carlos Mugica.

Las segundas comuniones en Luján son una tradición que nació con el primer equipo de la pastoral en las villas -el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo-. En los primeros años, que coincidieron con los años de plomo de la dictadura militar, el encuentro de sacerdotes y catequistas de las villas en el marco de las Segundas Comuniones en Luján era una ocasión excepcional para poder saludarse, compartir dolores, noticias de desapariciones y paraderos de muchos de los sacerdotes y catequistas que por entonces estaban desaparecidos. Era el momento en que confirmaban quiénes seguían vivos, y a quiénes había que buscar (*).

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La noticia de la muerte de Angelelli. Investigaciones posteriores descubrieron que fue asesinado. El Papa Francisco lo declaró santo.

Desde su creación, el hoy Papa Francisco les dió un gran empuje al equipo de Curas Villeros al ampliar -cuando era Arzobispo de Buenos Aires- de 8 a 22 las capillas villeras. Bergoglio iba a las villas en subte y premetro y caminaba los barrios, ha Bautizado y Confirmado a miles de personas en las villas, donde es muy querido y conocido como “el Padre Jorge”. La película “Los dos Papas” (Netflix) lo describe. Y si bien es una ficción -no es un documental-, en la película también queda de manifiesto el terror vivido por los cristianos argentinos durante la dictadura militar. 

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Este año los Curas Villeros preocupados por el alto índice de desocupación y pobreza, recibieron a los candidatos presidenciales que se acercaron a dar a conocer sus propuestas. Aquí, Toto, Bachi, Tano, Pepe y Gustavo con el ahora presidente Alberto Fernández.

El equipo de Curas Villeros de la ciudad (presente en 11 barrios) este año sumó a las villas de provincia de Buenos Aires, de los partidos de San Martín (Villa La Cárcova y Villa Curita, donde está el Padre Pepe Di Paola), San Isidro (La Cava), La Matanza (Villa Palito, Puerta de Hierro), Moreno (Villa Trujui), Lomas de Zamora (Barrio Don Orione) y Quilmes (Villa Itatí). Si bien están comandados por el  Vicario Episcopal para la pastoral en las Villas, Mons. Gustavo Carrara, el actual Equipo para la pastoral en las villas y barrios populares de Capital y Provincia es un cuerpo colegiado que en los últimos años fue ganando peso a medida que crecieron las villas en habitantes y nuevos barrios pobres (hay más de 4.400 en todo el país). La tarea de los Curas Villeros está apoyada en tres columnas sobre la que basan la prevención en los barrios vulnerables: Capilla, Colegio y Club. Y ante el gran crecimiento de las adicciones en los barrios crearon y gestionan los Hogares de Cristo y centros barriales, verdaderos hospitales de campaña que hacen su aporte en la lucha contra la miseria y el consumo. 

Las chicas y chicos de las parroquias villeras fueron llegando a la Villa Marista vestidos de blanco, y muchos de ellos conocieron hoy el Santuario de Luján. Desde el monumento al General Manuel Belgrano -que está en línea recta con la entrada de la Basílica- se inició el ingreso al templo, con la enorme bandera Argentina de la parroquia María Madre de la Esperanza (villa 20, P. Franco Punturo) que encabezó la entrada junto a diversas imágenes de la Virgen Morenita:

 

Antes de iniciar la Misa, el Padre Toto de Vedia (villa 21-24, parroquia Nuestra Señora de Caacupé de Barracas) hizo de maestro de ceremonias. Presentó a las parroquias presentes y habló de la solidaridad propia de las villas y barrios populares:

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“Las características de los barrios es que sus mismos habitantes, líderes positivos, son los que llevan a las chicas y chicos a los campamentos, los que colaboran con la escuelita de fútbol, los que organizan actividades en las que los jóvenes cuidan a los chiquitos. Así los chicos crecen con sanos y fuertes, y con los valores que nos vienen enseñando nuestros mayores, que tienen que ver con la fe, la solidaridad y la prevención. Esto lo tienen en el corazón muchos jóvenes de las villas que no salen en televisión, de quienes no se habla mucho, pero que todos los domingos se levantan temprano a servir a los niños del barrio, para que las familias de las villas puedan crecer a los ojos de Dios, de la Virgen y de la Iglesia”. 

Así ingresaron chicas, chicos y catequistas de la parroquia Virgen Inmaculada y sus capillas -Virgen de Luján, San Francisco, San Expedito y Santa Teresita a la Misa en la Basílica:

 

En la homilía de esta Misa de cuarto domingo de Adviento (cuyo Evangelio corresponde al pasaje en el cual un Ángel se le aparece en sueños a San José diciéndole que guarde y cuide de María embarazada de Jesús), el Cardenal Mario Poli contó que las tradicionales Segundas Comuniones de las parroquias villeras se empezaron a realizar a sugerencia de una catequista que se lo propuso a los padres Jorge Vernazza y Rodolfo Ricciardelli -de la entonces villa 1-11-14, hoy Barrio Padre Rodolfo Ricciardelli-. 

Homilía completa:

 

Luego el Padre Carlos Morena -de la parroquia San Juan Bosco de Villa Itatí (Quilmes)- le puso voz a las peticiones:

 

Los Curas Villeros presentes -entre los cientos de chicas y chicos que poblaron el altar- concelebraron en el momento de la consagración. El Padre Adolfo Benassi -de las villas de San Martín-  llegó a la villa marista con un contingente de 11 micros, y el grupo de misioneros que peregrinan con la Virgen de Luján por todo el mundo-. Aquí en el momento del Padre Nuestro:

 

Pedro Carlos Peralta, uno de los misioneros de la Virgen de Luján de las villas de San Martín, blandió su bandera del Papa y la Virgen y al final del día nos regaló estampas y medallitas de Luján con la inscripción “No me dejes Madre mía” en el reverso, para los chiquitos y chiquitas de la Inmaculada.

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Después de la Misa hubo bendición de objetos -rosarios, llaves, estampas, imágenes religiosas, fotos de seres queridos, y compartida a la canasta de las parroquias villeras, en la villa marista.

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(*) Que las Segundas Comuniones en la Basílica de Luján era el momento de los catequistas y sacerdotes de estar al tanto de las desapariciones y muertes lo recordaba siempre la hermana María Bassa, religiosa del Sagrado Corazón de Jesús que misionó la mayor parte de su vida en la villa 3 del Barrio Fátima, en Soldati y que tuvo que huir a Formosa antes de que asesinaran en los vuelos de la muerte a sus amigas las hermanitas francesas Alice Domon (religiosa en la villa 20) y Léonie Duquet, y al Padre Carlos Bustos, sacerdote capuchino secuestrado y desaparecido en 1977, que había misionado en la capilla Virgen de Luján del Barrio Fátima. El cuerpo de Bustos, que también había realizado un intenso trabajo social en la villa 15 -Ciudad Oculta- nunca apareció.

La ola de terror se había desatado incluso antes de que gobernara la Junta Militar, cuando la Triple A asesinó en 1974 al Padre Carlos Mugica luego de dar Misa en la parroquia San Francisco Solano, de la que el Padre Jorge Vernazza era párroco.

Las persecusiones y muertes eran moneda corriente. Mons. Enrique Angelelli, los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el catequista Wenseslado Pedernera -beatificados por el Papa Francisco-,  y los sacerdotes palotinos Alfredo Leaden, Alfredo Kelly y Pedro Dufau corrieron la misma suerte y son mártires de la Iglesia Argentina. Por ellos, y ppor todos los seminaristas, monjas, sacerdotes y catequistas que fueron torturados y asesinados rezamos en esta Misa. 

 

El futuro es hoy

Entrega de diplomas a los primeros bachilleres en arte que se recibieron en el Colegio Parroquial Virgen Inmaculada.

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En las parroquias villeras el #Colegio es uno de los pilares de la tríada de prevención y formación que junto al #Club y a la #Capilla educan en el amor, el cuidado y la libertad a las chicas y chicos de los barrios vulnerables. El Instituto Parroquial Virgen Inmaculada de Villa Soldati es una de esas escuelas gestionadas por los Curas Villeros en la ciudad de Buenos Aires -junto al colegio Madre del Pueblo en el barrio Rodolfo Ricciardelli, el Virgen del Carmen en Ciudad Oculta y el Virgen de Caacupé en la villa 21-24- que forman en valores humanistas y cristianos -y gratis- a la enorme población infantil y juvenil de los barrios, donde el 50% de la población tiene menos de 17 años.

En tiempos en los que 6 de 10 niños en la Argentina son pobres, la riqueza y formación espiritual que aportan las escuelas villeras son un faro que ilumina uno de los momentos más difíciles respecto a la falta de trabajo e indigencia en la Argentina. La buena noticia es que si tocamos fondo, no queda otra que salir adelante con todo el impulso y la fuerza de la esperanza.

Es doblemente meritorio entonces que la escuela parroquial celebre hoy a los primeros jóvenes que se reciben en Bachilleres con orientación en Artes.

Todo un hito en la breve historia del colegio, ya que se trata de la primera camada que empezó el secundario hace 5 años, cuando el Instituto Parroquial Virgen Inmaculada -IPVI- fue inaugurado. Durante el primer año de estudios los alumnos se reunían cada mañana en la parroquia, izaban la bandera y de allí iban -acompañados por las y los profes- a la capilla de San Expedito a estudiar -con frío, bajo el sol o la lluvia-, mientras el colegio contiguo a la parroquia era construido. 

Podestá Poli IPVI

19 de marzo de 2016. El Cardenal Mario A. Poli y la Sra. María Podestá -presidente de la Orden de Malta Argentina- en el acto de inauguración de las instalaciones del IPVI, un año después de que los alumnos iniciaran primer año.

El acto de entrega de diplomas, el 9 de diciembre de 2019, se inició con una Misa de acción de gracias celebrada por el Padre Pedro y el Padre Adrián, y guiada por el rector del IPVI, el Licenciado Matías Brunori. Matías inició su gestión con el ciclo lectivo de este año. Conoce al Padre Pedro de toda la vida. Es licenciado en psicología y su profunda formación teológica es una bendición para los alumnos, a los que les habla con cercanía y ternura, con palabras que siempre llegan al corazón.

Con memoria agradecida y muy emocionado, el Padre Pedro recordó que durante el primer año del colegio los alumnos asistieron a clase todo el año en las instalaciones del actual Hogar de Cristo San Expedito -por entonces una capilla del barrio Las Palomas que fue inaugurada en 2010 por el Cardenal Jorge Bergoglio- mientras se construía el colegio contiguo a la parroquia. 

En la Misa los alumnos y alumnas recibieron regalitos: un llaverito con el logo del cole, denarios para seguir rezando y pequeñas macetitas con una plantita suculenta. “No son cactus, son suculentas” dijo la profesora Luján, que habló en nombre de los profes del colegio que prepararon el regalo. Las suculentas son plantas que acumulan el agua, y representan todo este tiempo en el cual los alumnos almacenaron conocimientos y vivencias para nutrirse y utilizarlas en el futuro:

 

Luego de la Misa, los alumnos izaron la bandera en la parroquia antes de su ingreso triunfal al patio de deportes del colegio, -donde se realizó la entrega de diplomas-. Ingresaron a la ceremonia escoltados por bengalas de humo rojo y verde, como entran los campeones y campeonas al campo de juego de la vida, a comerse la cancha y ganarle el partido al 40% de pobreza que hay hoy en la Argentina. Con toda la esperanza. 

 

Después de disfrutar de los videos institucionales y del viaje de egresados a Entre Ríos, la alumna Victoria Rueda hizo reír a todos al leer un texto muy divertido titulado: “¿Qué es lo que vamos a extrañar del cole?”

 

Susana Juárez, una mamá de la comunidad educativa, convocó a los profes elegidos por los alumnos -Ana Julia y Cacho- para hacerles entrega de una botellita térmica a modo de reconocimiento y premio. La profe Ana Julia, mentora del proyecto y presente en el colegio desde el minuto cero, recibió un enorme abrazo de todos los alumnos.

Palabras de Ana Julia: 

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“Estoy muy emocionada, y orgullosa de cada uno de ustedes. Tengo una alegría enorme de celebrar juntos. Los vamos a extrañar un montón, y los vamos a acompañar a la distancia, y quiero que sepan que siempre van a estar acompañados por mí en lo que necesiten, conmigo pueden contar siempre. Hago público mi agradecimiento a las personas que en esta tarea de acompañarlos a ustedes nos hemos ido haciendo equipo, haciendo grupo y comunidad, que son sus padres y madres con los que hemos trabajado en la escuela para todo lo que hemos querido encarar, desde el viaje de egresados y desde mucho antes también, con las rifas, bingos, ferias, campamentos. Ellos siempre han estado ahí, gracias por su acompañamiento y su estar. Y quiero agradecerle al Padre Pedro una vez más, no está de más, por habernos elegido a cada uno para construir este proyecto que hoy cumple 5 años, que es la escuela del barrio. Y por todo lo que pasó en estos 5 años con este proyecto chiquito que fuimos construyendo entre todos, poniéndole el cuerpo. Y gracias a toda la comunidad del barrio que hace cada día este colegio, porque sin ustedes no podría ser posible la escuela del barrio. Muchas gracias, y me quedo acá para lo que necesiten”. 

Para el preceptor Cacho, botellita y gran pogo del IPVI

 

Luego el rector Matías le cedió la palabra a quien fue el rector del colegio del primero al cuarto año, y a quien los alumnos y alumnas adoran: el profesor Mariano Bindi.

 

Y no todos los aplausos fueron para los alumnos: fueron aplaudidos arriba del escenario los miembros del equipo fundador del colegio: directivos, secretarias, preceptores, asistentes y profes. Y luego, todo el plantel de un equipo ganador.

El rector Matías -que fue el maestro de ceremonias durante toda la noche- hizo referencia a las cadenas rotas de la ignorancia y a la libertad que otorga el esfuerzo de estudiar:

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“Quiero que escuchen, que oigan, el ruido de rotas cadenas. Cuando estudiamos se rompen las cadenas. La cadena más pesada que tenemos es la de la ignorancia. Ustedes acaban de romper las cadenas, se hizo patria, se hizo tierra. Escuchen el ruido de rotas cadenas. Eso es lo que cantamos muchas veces durante el año, muchas veces en 5 años al cantar el Himno Nacional, y hoy es una realidad. Si escuchás el ruido de rotas cadenas te conectás, sos más libre que hace 5 años, tenés más capacidades, más para dar y más para recibir. Ojalá eso sea una realidad en todas las familias del barrio de Carrillo”.

El Padre Pedro dijo estas palabras y nos dio la bendición:

Y con el corazón contento, familias, alumnos y comunidad educativa compartimos un ágape a la canasta, bajo una enorme luna llena que refleja siempre el sol que brilla eterno en el día de mañana.

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